Para los peregrinos que inician el
Camino de Santiago desde Somport la ciudad de Sangüesa es un
paso obligado, así como para salir de allí es imprescindible
cruzar sobre el puente metálico que cruza el río Aragón.
Desde tiempos medievales Sangüesa fue una importante
población, uniendo el paso de los peregrinos y a su situación
fronteriza. En estos días el magnífico patrimonio artístico
de la ciudad destaca por encima de todo. Los palacios, como el
del príncipe de Viana y el de Vallesantoro, preparan el terreno
para la belleza monumental de las iglesias de Santiago y de
Santa María la Real. Ésta última, sobre todo, conserva aún
intacta su arquitectura del siglo XII y una portada labrada con
uno de los mejeros relieves escultóricos del románico
español.
Con la mente del peregrino en Puente
la Reina, un turista puede entretenerse en acercarse a la foz de
Lumbier, una pequeña garganta con una gran colonia de buitres,
y al monasterio de Leire. La casa de la patrona de Navarra se
encuentra en la falda de una montaña. El monasterio conserva
arquitectura de numerosos estilos, pero a todos los visitantes
sorprende su pequeña cripta. Primera parte edificada allá por
el siglo XII, sus tres naves, que se apoyan en unos pequeños
capiteles que son casi un símbolo del lugar, constituyen una
mínima sala que nos sobrecoge. Encima de ella, una iglesia
mitad románica mitad gótica, que nos muestra lo extraño en la
época del primer estilo europeo.

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Poco antes de unirnos al Camino
proveniente de Roncesvalles en Puente la Reina los peregrinos se
detienen en una pequeña iglesia silvestre, apenas una ermita.
Sin embargo lleva ya 900 años en un campo rodeada de girasoles.
La iglesia de Eunate se sirve de la leyenda para atraernos con
cantos de sirena: fue fundada por los templarios y nadie supo
explicar el por qué de la arquería independiente alrededor de
su planta octogonal.
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