Una vez encontrada
una explanada lo bastante grande para montar el campamento,
nuestro tedioso letargo terminó. Montamos las tiendas con la
sensación de ser insignificantes en mitad de tanta libertad y
después, al caer la tarde, cena y fuego, dos constantes
repetidas e indispensables a lo largo del viaje.
A la mañana
siguiente después del semi-aseo lejos del agua corriente, dos
indígenas nos enseñaron las plantas que a ellos les ayudan o
les habían ayudado vivir mejor. Resultó interesantísimo
conocer sus diversas utilidades, especialmente en esta era en la
que medio mundo es incapaz de salir de casa sin varios botes de
pastillas para todo tipo de afecciones. No pude por menos que
recordar las recetas familiares, ya casi olvidadas, que los
abuelos se encargan de recordarnos. Fue toda una lección
magistral que tuvo su epílogo cuando nuestros anfitriones nos
llevaron a ver desde muy cerca una manada de búfalos y otra de
elefantes.

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Para conocer mejor la
sensacional flora y fauna del delta nos colocábamos en fila
india, siempre detrás del guía local y siempre atendiendo a
sus interesantes explicaciones. Y fue en uno de esos paseos
explicativos cuando nuestro guía, como si fuera un resorte,
salto hacia un lado huyendo de algo. Así era, delante de sus
pies se había topado con una peligrosa serpiente conocida por
el apelativo de “siete pasos”, porque son siete los pasos
que como mucho llegas a dar si te clava los dientes en una
arteria. Afortunadamente la serpiente pasó rápida, quizá más
asustada que nosotros, y pudimos seguir dando todos los pasos
que quisimos, si bien el susto al guía no se lo quitó nadie
durante el resto del día.
Curiosamente fueron
los hipopótamos los que mas anécdotas nos procuraron y en
aquella ocasión tuvimos la suerte de convivir junto a ellos. Si
bien durante el día permanecían retozando en el agua, al
llegar la noche salían a comer libremente entre nuestras
tiendas, por eso si a medía noche tenias necesidad de salir de
la tienda, antes convenía mirar en todas direcciones.
Y de esta manera,
entre las rías bajas que van a morir a un desierto, los
hipopótamos, las serpientes y las gentes del lugar
mostrándonos su increíble entorno, llegó el momento de
despedirse de este espectáculo de agua que es el delta. Los
remeros de los mocoros nos devolvían a lo que ya era como
nuestra casa… regresábamos al camión.
Continúa
