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Sumario

Introducción
El Camión Comienza a Rodar
La Duna de la Muerte
Los Boabad...
Del Quicio del Mar a las Rocas Imposibles
El Lugar más viejo del mundo
Himbas y Hereros
Ante el Sagrado Ritmo del Cosmos
El Último aliento de un río diferente
Siete Pasos nada más
Hipopótamos y Turistas
"Ojos de Águila" y su cacería
Es allí, en el Bar de enfrente
Cuando Volar es posible sin alas
Camino de Zambia no olvides lavarte las manos
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Namibia
"...Donde la tierra se hace luz"
Textos y Fotos: Maite López Morell
 
 Siete Pasos nada más
 
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© Maite López Morell

Una vez encontrada una explanada lo bastante grande para montar el campamento, nuestro tedioso letargo terminó. Montamos las tiendas con la sensación de ser insignificantes en mitad de tanta libertad y después, al caer la tarde, cena y fuego, dos constantes repetidas e indispensables a lo largo del viaje.

A la mañana siguiente después del semi-aseo lejos del agua corriente, dos indígenas nos enseñaron las plantas que a ellos les ayudan o les habían ayudado vivir mejor. Resultó interesantísimo conocer sus diversas utilidades, especialmente en esta era en la que medio mundo es incapaz de salir de casa sin varios botes de pastillas para todo tipo de afecciones. No pude por menos que recordar las recetas familiares, ya casi olvidadas, que los abuelos se encargan de recordarnos. Fue toda una lección magistral que tuvo su epílogo cuando nuestros anfitriones nos llevaron a ver desde muy cerca una manada de búfalos y otra de elefantes.

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© Maite López Morell

Para conocer mejor la sensacional flora y fauna del delta nos colocábamos en fila india, siempre detrás del guía local y siempre atendiendo a sus interesantes explicaciones. Y fue en uno de esos paseos explicativos cuando nuestro guía, como si fuera un resorte, salto hacia un lado huyendo de algo. Así era, delante de sus pies se había topado con una peligrosa serpiente conocida por el apelativo de “siete pasos”, porque son siete los pasos que como mucho llegas a dar si te clava los dientes en una arteria. Afortunadamente la serpiente pasó rápida, quizá más asustada que nosotros, y pudimos seguir dando todos los pasos que quisimos, si bien el susto al guía no se lo quitó nadie durante el resto del día.

Curiosamente fueron los hipopótamos los que mas anécdotas nos procuraron y en aquella ocasión tuvimos la suerte de convivir junto a ellos. Si bien durante el día permanecían retozando en el agua, al llegar la noche salían a comer libremente entre nuestras tiendas, por eso si a medía noche tenias necesidad de salir de la tienda, antes convenía mirar en todas direcciones.

Y de esta manera, entre las rías bajas que van a morir a un desierto, los hipopótamos, las serpientes y las gentes del lugar mostrándonos su increíble entorno, llegó el momento de despedirse de este espectáculo de agua que es el delta. Los remeros de los mocoros nos devolvían a lo que ya era como nuestra casa… regresábamos al camión.

Continúa


 

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