Volver a la Página Principal
 tierratragame.es » 

Sumario

Introducción
El Camión Comienza a Rodar
La Duna de la Muerte
Los Boabad...
Del Quicio del Mar a las Rocas Imposibles
El Lugar más viejo del mundo
Himbas y Hereros
Ante el Sagrado Ritmo del Cosmos
El Último aliento de un río diferente
Siete Pasos nada más
Hipopótamos y Turistas
"Ojos de Águila" y su cacería
Es allí, en el Bar de enfrente
Cuando Volar es posible sin alas
Camino de Zambia no olvides lavarte las manos
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Namibia
"...Donde la tierra se hace luz"
Textos y Fotos: Maite López Morell
 
 Ante el Sagrado Ritmo del Cosmos
 
Ampliar Foto
© Maite López Morell

Conforme nos vamos acercando al famoso Parque Nacional de Etosha abandonamos la sensación de soledad que nos precedía. Su nombre se debe a una leyenda de los San y se traduciría como “gran lugar blanco”, debido al contenido mineral del terreno y a la rápida evaporación de las ocasionales lluvias.

Recorrimos el “gran lugar blanco” acampando en dos de los tres camping que el Parque posee a lo largo de las pista que lo cruza y que marca el camino a seguir. Un trayecto en el que el visitante disfruta de todos los animales que se cruzan, tanto de los afamados cinco grandes como de cualquiera de otro más modestos para los cazadores de fotos.

Para los acostumbrados a ver documentales de vida salvaje, el primer contacto con animales en su espacio natural hace que la percepción que se ha tenido de ellos desde el “sofá” ahora sea diferente. Los tamaños que se imaginaban frente a la TV, aquí tienen otra medida, pero lo más sorprendente es observar la lentitud que imprimen a cada gesto las manadas, por ejemplo cuando se acercan a una charca. Esa acompasada lentitud, sin duda es la mejor de las lecciones para el occidental que llega con prisa y que el entorno rápidamente pone en su lugar.

Ampliar Foto
© Maite López Morell

En el recorrido vimos muchos y espléndidos animales como el antílope president con su elegante porte y su impresionante cornamenta. Pero fue en una charca solitaria compartida por un elefante y un león, siempre guardándose las distancias, donde surgieron las imágenes que sin duda alguna nos dejaron más impresionados.

Una vez llegados al camping de Okaukuejo para pasar un par de noches, la sorpresa fue descubrir que a tan solo unos metros de su perímetro existía otra preciada charca, en la que a la caída del sol y durante toda la noche acudían animales en busca de agua y frescor. Allí tuvimos la oportunidad de disfrutar de todos los animales que ya habíamos visto desde la perspectiva móvil del camión, esta vez a tan solo unos metros desde tierra firme mientras disfrutábamos de unas cervezas o cambiábamos sin prisa un nuevo rollo de película.

Recuerdo con mucho cariño la ruidosa visita que un elefante tuvo a bien hacernos en plena noche y del que fuimos amables anfitriones viéndole jugar con el barro y disfrutar espantando al resto de los vecinos que estaban en la charca, demostrando a su público que era el más fuerte y, como no, el más simpático. Esos días de descanso fueron un preciado regalo después de tantas jornadas dando botes dentro del camión.

Ampliar Foto
© Maite López Morell

Y es que poco a poco la vida en el camión iba convirtiéndose en rutina y al llegar al ecuador del viaje ya habíamos tomado por completo conciencia de nuestro espacio en él. De tal manera que llegábamos a dormir y a comer con cierta comodidad, e incluso a tender la ropa en la barandilla del techo a modo de tendedero de fortuna. Disponíamos de una nevera común y al principio costaba distribuir la bebida para que alcanzara a todos, pero a esas alturas del viaje la táctica resultaba perfecta y la previsión de bebida llegaba hasta el último rincón del camión. Por eso cuando salimos de Estosha, en dirección este, ya estábamos integrados en ese “universo rodante” en el que se había convertido el camión.

Camino del delta del Okawango atravesamos pueblos en los que si se podía repostábamos hielo, comida y estirábamos las piernas. A modo de golosina, para entretener el hambre, masticábamos la popular carne seca de vaca con especias que se vendía en cualquier puesto callejero. Era habitual ver a la gente mascándola, su aspecto es el de un palito de regaliz y el sabor y la textura son muy agradables.

Continúa


 

Sala de Embarque - Carretera y Manta - Pincha y Vete - La Revista que viene - Déjate llevar - En el hatillo - Puerta de Acceso - Salvoconducto - Cúbrete las espaldas - El Tiempero - Insert Coin - Turismo Solidario - Utiliza la lengua - Turismo Deportivo - Con mucho gusto - Cuaderno de Bitácora - Canales Viajeros - Correveidile - Algo que declarar

viajes@tierratragame.es

Una revista de...

Nosotros - La Semana que vivimos - AGD Arte Gráfico Digital - Reportur - Publicidad