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Sumario

Introducción
El Camión Comienza a Rodar
La Duna de la Muerte
Los Boabad...
Del Quicio del Mar a las Rocas Imposibles
El Lugar más viejo del mundo
Himbas y Hereros
Ante el Sagrado Ritmo del Cosmos
El Último aliento de un río diferente
Siete Pasos nada más
Hipopótamos y Turistas
"Ojos de Águila" y su cacería
Es allí, en el Bar de enfrente
Cuando Volar es posible sin alas
Camino de Zambia no olvides lavarte las manos
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Namibia
"...Donde la tierra se hace luz"
Textos y Fotos: Maite López Morell
 
 El Lugar más viejo del mundo
 
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© Maite López Morell

Cuando llegamos a Twyfelfontein fuimos recibidos por las personas que iban a ser nuestros guías por el área de rocas dibujadas, donde el pueblo San reflejó su estilo de vida. Genéticamente hablando y usando los análisis de ADN mitocondrial, estos gravados han sido realizados por el pueblo mas antiguo que existe hoy sobre la tierra. Llegaron a ocupar grandes áreas del continente africano y ha sido el pueblo más brutal y cruelmente tratado en la asesina historia del África austral. Son los Bosquimanos, San o Basarwa. Los tres nombres les han sido impuestos dependiendo de quien los nombrara, por ejemplo los Tswana los llaman Basarva (pueblo que no tiene nada), los Khoi los nombran San (extraños o vagabundos) y los colonizadores Bosquimanos.

Lo que han dejado plasmado en este lugar muestra imágenes de su vida como cazadores recolectores, así como una muestra de los animales con los que compartieron existencia hace 20.000 años. Pero para entender mejor estos dibujos hay que tener en cuenta que para ellos entre la vida natural y la espiritual existía un estrecha relación, y que las pinturas podrían haber sido un nexo de comunicación entre ambas partes. Sin dejar de pensar lo que supuso el intento de exterminio de los bosquimanos, tanto antes en nombre de la religión, como ahora en nombre del progreso, este paseo biográfico a través de sus pinturas es cautivador y merece la pena el calor que hay que soportar.

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© Maite López Morell

Es característica de este pueblo utilizar lenguajes de chasquido (utilizan chasquidos y sonidos producidos con la lengua) y me resultó curioso que los guías de Twyfelfontein hablaban con chasquidos, aunque según me dijeron no era bosquimanos. Si este viaje artístico al pasado de la humanidad genera dudas existencialistas, próxima a las pinturas existe una fuente natural de la que no siempre sale agua y a la que se conoce como “la fuente de la duda”. Pero si las dudas son que llevarse a casa de recuerdo, los guías locales hacen una parada en un mercadillo donde comprar un collar hecho con semillas (son muy bonitos), una muñeca de trapo o, porque no, una coca cola…

La verdad es que ha estas alturas de viaje no habíamos visto muchos animales, a parte de alguna que otra asustadiza avestruz y de los divertidos springys, que siempre lograban robarnos una sonrisa. Así que nos confortábamos admirado a los elegantes árboles botella. Cuando desde el camión se divisaba uno de estos atípicos árboles, aprovechábamos para bajar y hacernos unas fotos junto a sus vigorosas flores. De paso comíamos algo, estirábamos las piernas y bebíamos de lo que quedara más frío.

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© Maite López Morell

Sin dejar rumbo norte el camión se detuvo de nuevo, esta vez, aparentemente en el mismo desierto pero decorado con unas cabañas de madera que servían de merendero y de mercadillo, era la entrada al bosque petrificado. Se trata de un bosque de pinos convertidos por arte de alquimia en piedra, una de esas maravillas de la naturaleza tan mágica pero tan complicada de explicar. Aunque no siempre hay que saberlo todo, claro, con admirar lo que ahora es su materia muerta ya sobra al visitante.

Entre estos trozos de pino de piedra crecen las Welwitschia que son plantas que dicen pueden llegar a vivir 2.000 años. También aquí fuimos acompañados por unos guías locales que nos mostraron los rincones del Parque Petrificado seguidos también por un séquito de vecinos, amigos, mujeres, niños... que después de la visita nos ofrecieron un repertorio de cantos, algunos aprendidos de los misioneros y otros heredados de su cultura. Resultó peculiar ese curioso chasquido en su forma de hablar y de cantar. Finalmente nos despedimos de ellos, nos subimos al camión, nos acomodamos lo mejor posible y emprendimos de nuevo viaje con la sensación de haber estado en el lugar más viejo del mundo.

Continúa


 

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