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Sumario

Introducción
El Camión Comienza a Rodar
La Duna de la Muerte
Los Boabad...
Del Quicio del Mar a las Rocas Imposibles
El Lugar más viejo del mundo
Himbas y Hereros
Ante el Sagrado Ritmo del Cosmos
El Último aliento de un río diferente
Siete Pasos nada más
Hipopótamos y Turistas
"Ojos de Águila" y su cacería
Es allí, en el Bar de enfrente
Cuando Volar es posible sin alas
Camino de Zambia no olvides lavarte las manos
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Namibia
"...Donde la tierra se hace luz"
Textos y Fotos: Maite López Morell
 
 Cuando Volar es posible sin alas
 
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© Maite López Morell

Algo que no puede descubrirse, no tiene descubridor. Las cataratas Mosi Oa Tunya, bautizadas para occidente como Cataratas Victoria, fueron y son parte del paisaje cotidiano de los habitantes de Zimbabwe, que comparten con ellas su fuerza. De igual forma sucede con el río Zambece donde el espíritu de sus antepasados permanece en forma de serpiente, mitad en Zimbabwe y mitad en los ritmos de Hamaíca.

Las cataratas deben verse desde las dos perspectivas posibles, es decir desde Zimbabwe y desde Zambia. Desde Zimbabwe hay que tomar la carretera que sale del pueblo y andar unos 15 minutos a lo largo de un trayecto que está repleto de paisanos haciendo su trabajo o más bien intentando sobrevivir. Hay vendedores de figuras talladas, porteadores de carros cargados hasta lo impensable y conductores de triciclos para pasajeros, que por un módico precio te acercan hasta la entrada.

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© Maite López Morell

Una vez dentro se debe seguir el recorrido marcado para ver todas las cascadas. Desde los balcones-mirador puedes asomarte y disfrutar de la continua cortina de agua deslizándose por la extraplomada pared de roca, en una caída que parece no tocar fondo. Algunas de estas cortinas de agua dejan pasar la luz del sol polarizada y forman extraordinarios arco iris, no dejando tiempo de reacción al asombro. El paisaje es de tal intensidad que al admirarlo no puedes pensar en nada más que no sea agua y color.

Al final de la marcada senda los pasos se detienen frente a un cortado al que asomarse y ver como se estrellan en el fondo las tremendas colas de caballo, provocando el tremendo estruendo que generan las toneladas de agua en su caída. Recuperada la horizontal y mirando hacia el horizonte, la vista se pierde siguiendo el serpenteo que describe el río, que no entiende de fronteras, en su periplo acuático por la vecina Zambia.

Viendo el fluir de las cataratas y su salto al vacío es fácil soñar con volar y creértelo porque te dan la fuerza suficiente para hacerlo. También imaginas como serán en la época de crecida, cuando más agua arrastran. Si bien, conviene recordar que las grandes presas construidas por el hombre restan volumen a su libre caudal, de igual manera que algunos de estas proyectos han provocado la desaparición tanto de formas de vida humana como animal o vegetal.

Continúa


 

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