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Sumario

Introducción
El Camión Comienza a Rodar
La Duna de la Muerte
Los Boabad...
Del Quicio del Mar a las Rocas Imposibles
El Lugar más viejo del mundo
Himbas y Hereros
Ante el Sagrado Ritmo del Cosmos
El Último aliento de un río diferente
Siete Pasos nada más
Hipopótamos y Turistas
"Ojos de Águila" y su cacería
Es allí, en el Bar de enfrente
Cuando Volar es posible sin alas
Camino de Zambia no olvides lavarte las manos
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Namibia
"...Donde la tierra se hace luz"
Textos y Fotos: Maite López Morell
 
 "Ojos de Águila" y su cacería
 
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© Maite López Morell

A las seis de la mañana del día siguiente y con legañas en los ojos, conocimos a “Ojos de águila”, el que sería nuestro guía por el Parque. Nos dijo que su visión era como la de un águila y que nos mostraría un leopardo, que era el animal que nos faltaba por ver. Pero resultó ser que los ojos de “Ojos de águila” eran humanos y al final no consiguieron dar con él… A pesar de lo cual, sus expresivos ojos negros y su experiencia nos guiaron hacia tal variedad de animales, en un marco tan fabuloso, que a todos o a casi todos nos sobró la silueta del deseado leopardo.

Lo mejor del paseo por el Parque fue cuando vimos a un grupo de leonas con sus crías aproximarse a la orilla del río, a la espera de que una manada de búfalos que pastaba en la orilla contraria cruzase para atacarlos. Su mirada seria y dulce a la vez, contrastaba con la mirada vivaz de las gallinas de guinea y con la serena firmeza que mostraban las familias de elefantes africanos, que pululaban por allí ajenos al posible desenlace.

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© Maite López Morell

Y así, con los ojos más que despiertos regresamos al camping para refrescarnos en la piscina y prepararnos para un paseo en lancha por el río. Atardecía y pudimos observar como cantidad de animales se despabilan a esas horas: entre ellos gran número de hipopótamos y águilas pescadoras que observaban desde alguna rama posibles presas. A la hora de regresar, afortunadamente, el motor falló y gracias al contratiempo mecánico pudimos disfrutar, una tarde más, de una enternecedora puesta de sol para el recuerdo.

Parecía que el tiempo no existiese en esta parte del mundo, ya que de igual forma marcaba un ritmo lento y cansino que pasaba fugazmente como un rayo. A lo mejor era porque resultaba ser tremendamente intenso fruto de nuestro entusiasmo. Fuere lo que fuere, nuestra intención era hacerlo todavía mas intenso. Subimos al camión con esa idea y nos dirigimos hacia Zimbabwe donde el río Zambece se trasforma en “Mosi Oa Tunya” (El humo que truena), más conocido como las Cataratas Victoria...

Allí tuvimos que despedirnos del camión, nuestra acogedora casa móvil, y de nuestros entrañables compañeros de viaje, Benson y el conductor, porque su trabajo había finalizado. A algunos se nos hizo un nudo en la garganta. Difícilmente olvidaré los ratos y las tertulias pasadas a su lado.

Continúa


 

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