Como cada mañana, el
camión comienza su ruta... A lo largo de Namibia, Botswana y
Zimbabwe las rodaduras trazadas por la que fue nuestra
casa-camión durante un mes fueron escribiendo sobre suelo
africano las páginas de este reportaje, a través también de
nosotros mismos. El viaje en el camión nos dio la posibilidad
de ir observando los distintos lugares por los que pasábamos,
pero también “padecer” los bruscos cambios de temperatura
acompañados de un insistente y agotador viento que parecía
llegar de todas direcciones.
Cuando estábamos de
camino y el camión se detenía a la hora de comer, nuestro más
preciado compañero, Benson, un genio culinario, preparaba con
nuestra ayuda todo lo necesario para llenar el estomago. Ya
fuera en un camping o en medio de la sabana siempre encendíamos
un fuego alrededor del cual se desarrolla la vida del grupo.
Desayuno, almuerzo, cena, vino, cerveza, café, “Amarula”...
la cantidad de momentos únicos que se consiguen alrededor de un
fuego no tiene fin, cada cual podía elegir el suyo.

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A la hora del dormir
la liturgia mañanera se repetía… Había que desmontar las
tiendas de campaña y recogerlas lo antes posible para dedicarle
así más tiempo al “ratito” del desayuno y, sobre todo, a
las primeras risas de la mañana. Esa relación continua y
estrecha con los compañeros de viaje y el contacto directo con
una de las naturalezas más severas, y a la vez más agradecidas
en cuanto a vida salvaje y factor humano se refiere, es lo que
desde la perspectiva de un camión y de un grupo de amigos os
proponemos.