Como
reflexión final me gustaría comentar que seguramente las
murallas y los muros son una inutilidad. Es una tontería
intentar aislar una cultura o un pueblo de las influencias
exteriores. Realmente no hay nada tan bonito como la variedad,
la mezcla...
Pero
también es fundamental respetar lo propio del lugar y no
eliminar lo que ha costado tanto levantar. Deberíamos fomentar
entre las nuevas generaciones la mentalidad de compartir,
enseñar, aprender y no la idea de conquistar e imponer sobre el
débil en ese momento. Es un aprendizaje que parece obvio, pero
la historia y la actualidad de los telediarios se encargan de
recordarnos el daño que genera su olvido. Aprendamos de la
pasado y analicemos como cuando empezó el declive y abandono de
la Gran Muralla China, se inició el gran acontecimiento del
intercambio; el conocido para Occidente como La Ruta de la Seda,
pero esto es otra historia que nos llevaría mucho tiempo
analizar...
Tras los
cuatro meses de viaje, para mí, la moraleja es que ninguna
muralla debe interponerse en la realización de nuestros
sueños, y si esto pasara habrá que saltársela o bordearla...
Ni siquiera la Gran Muralla China es inexpugnable.