En
Shanxi conocí una nueva cara de ella. Durante más de
doscientos kilómetros, hasta acabar en el río Amarillo, me
topé con un gran muro de barro, acotado cada trescientos metros
por un torreón y cada veinte por una fortaleza, siempre en el
lado sur. Discurre entre huertas y pequeños pueblos donde vive
gente muy amable. Para ellos esta obra aparentemente defensiva
ha sido de gran utilidad ya que han utilizado los adoquines que
la recubría para construir sus casas e incluso alguno la ha
excavado en el propio muro. No obstante en las zonas más
montañosas y escarpadas aun se puede ver en su estado original.
En
la provincia de Shaanxi la cosa se complicó a la hora de
rastrear el rumbo de la gran pared. Al principio sólo pude ver
torreones sin nada que los uniera, más adelante, al igual que
en Ningxia y Gansu, apareció de nuevo un muro de barro que
discurre por zonas áridas y desérticas. A veces, es un simple
montículo, otras, unos pequeños fragmentos que sobresalen del
suelo y, en muchas ocasiones, la arena se está encargando de
sepultarla. Finalmente, llegué a la fortaleza de Jiayuguan
considerada el punto final hacia el oeste, ya en desierto del
Gobi.

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Más
allá los chinos consideraban que no había nada o... el propio
infierno, suponían. Posteriormente, la Ruta de la Seda
demostró que se equivocaban. La fortaleza se construyó en 1372
y también recibe un nombre más que poético... “Grandioso
paso bajo el cielo”. El paso está formado por varios
edificios; la ciudadela interior; la ciudadela protectora; la
ciudadela Luochaneng y la muralla exterior con edificios y
pabellones. Aquí la muralla tiene 640 metros de largo y 9 de
alto. Posee puertas, cada una de ellas con torre-ciudadela
arriba y adentro, al este y al Oeste. Estas torres miden 17
metros de altura y tienen tres pisos que albergan cinco
compartimentos de casas.
Es
un fortín inexpugnable que según el ticket de entrada no
consiguieron franquear ni los aguerridos mongoles. Los chinos
son muy dados a ensalzar los propios récords y su gloriosa
historia. Bien, pues una la noche un americano y un españolito
sin más armas que nuestras zapatillas superamos el primer muro
de entrada. Esta claro que la vigilancia de ahora no es
comparable con la de tiempo atrás, pero hay queda para que “no
saquen tanto pecho”. Afortunadamente nadie se enteró y su
orgullo parece que no se ha visto mermado...
Realmente
les aprecio porque, las gentes que me encontré por el camino,
me apoyaron en todo lo posible y siempre animaron a ese
extranjero que quería recorrer su Gran Muralla. Y es que hay
que decir que los chinos se sienten honrados con ella, todos
conocen su comienzo y su final e incluso aparece dibujada en la
insignia de la policía o en los billetes de un yuan.
Nixon,
al visitar Badaling al norte de Pekín, dijo que sólo una gran
nación podía construir algo como esto. Y no seré yo el que le
quite la razón porque aquí todo es a lo grande; la población
del país (1.130.483.401 habitantes); los ríos (Yangtsé y
Amarillo) con sus presas (existentes y en construcción); las
ciudades; los rascacielos...
Continúa