Juan
Antonio Alegre recorrió en 1997 más de ochocientos kilómetros
a pie por los restos de la Gran Muralla china. A los hay que
sumar otros tantos para buscar los distintos tramos. Para ello
se servía de su brújula, mapas y la información de los
habitantes del lugar. También recurrió a todo tipo de
vehículos para enlazar las distintas poblaciones desde las que
iniciaba la búsqueda de los restos de muro. En total, 3.000
kilómetros de viaje a lo largo de una obra que se puede
contemplar desde la Luna, pero también desde la perspectiva que
ofrece cada uno de los pasos que Juan Antonio empleó para
recorrerla caminando...
Si en el
pasado la Gran Muralla fue levantada como muro de contención
frente a las invasiones de los “pueblos bárbaros del norte”,
en la actualidad a mí me sirvió para descubrir y conocer una
parte de las culturas, razas y paisajes que el viajero puede
encontrar en China. Pero lo más importante es que abrió sus
puertas para darme a conocer una nueva forma de vivir. Tres mil
kilómetros de viaje, desde la fortaleza de Shanhaiguan, en el
mar de China, hasta la de Jiayuguan, levantada en otro mar,
aunque en este lado de arena, llamado desierto del Gobi... Estos
son los puntos más extremos de la Gran Muralla de la Dinastía
Ming (1368-1644), los que a mí tanto me enseñaron...