Llega un momento que
la nieve está tan dura que las ruedas resbalan y nosotros
también. Hemos llegado hasta la zona de aludes donde cayeron
hace unos años cinco montañeros franceses. No podemos seguir
ni si quiera andando… ¡Qué rabia!. Nos damos la vuelta,
tenemos a la vista la Laguna de la Caldera, está helada, no me
extraña, debemos estar bajo cero.
Aprovechamos para
descansar un rato y comemos todo lo que llevamos encima. El
cansancio y el frío nos han hecho mella y hay que reponer
fuerzas. Todavía nos quedan 500 metros de desnivel y lo que es
peor a veces… la bajada. Un grupo de alemanes que descienden
del pico nos saludan y nos comentamos que por este lado sin
crampones el tema está delicado... En nuestro caso no sólo no
llevamos crampones, claro, sino que vamos en zapatillas…
Regresamos por el
camino que habíamos venido y llegamos a un rellano de donde
sale otra pista que llega casi hasta la misma cima, y que esta
mañana habíamos desestimado pues nos pareció en malas
condiciones por la acumulación de nieve. “Es nuestro último
cartucho”, nos repetimos varias veces, así que decidimos
probar suerte…
El fuerte desnivel
hace que rápidamente cojamos altura, además una vez bordeamos
la montaña hacia el Sur, esta orientación provoca que
encontremos menos nieve. Estaremos a unos 3.200m., aquí decimos
dejar la pista y atajar en línea recta empujando las bicis
monte a través.
El efecto de los
fuertes vientos ha hecho que las piedras queden al descubierto,
lo que facilita nuestra progresión sobre ellas, ya que la nieve
a esta altura está completamente helada y a cada paso nos
recuerda que vamos en zapatillas.
El camino va
quedándose abajo y nosotros vamos a cada paso ganando metros.
Sin embargo, hay un tramo en el que las cosas se complican y
tenemos que dejar una de las bicis. Las ráfagas de viento
helado del Oeste nos zarandean y en más de una ocasión casi
nos tiran al suelo. Buena señal tenemos que estar ya muy
arriba. ¡La cumbre ya no puede estar muy lejos! nos gritamos a
tan solo un metro de distancia pues el viento sopla con una
intensidad que le hace aullar con una fuerza sobrenatural.
Continúa