Pronto se
acabará el asfalto. Llegados a Capileira ha llegado el momento
de cambiar de máquina, las ruedas finas y lisas dan paso a las
anchas y taqueadas. Todo va como habíamos previsto, aunque la
zona alta de la sierra se está empezando a cubrir de oscuros
nubarrones. Ya veremos...
Montamos en
nuestros nuevos rocinantes y en cómodo desarrollo vamos
adaptándonos al “cuestómetro”, cada vez más pendiente. Al
pasar delante del tasco, donde aterrizamos anoche y del que
tanto nos costo despegar, Juanjo se encarga de recordarme algún
momento estelar del “levantamiento de vidrio en barra fija”
que protagonizamos hace tan sólo una horas y que prefiero
omitir…
Nos quedan
unos 25 kilómetros y el asfalto ya se ha transformado en pista
de tierra. Ahora son las bicis de montaña las que están en su
medio, pues el firme está erosionado por las corrientes de agua
y hay abundante piedra suelta, además la lluvia de días
anteriores ha dejado el terreno empapado.
Según vamos
ganando altura nos adentramos en una densa niebla que no deja
ver más que unos pocos metros por delante. Hemos dejado atrás
una zona de pinares con algún cortijito de pastores y por el
momento sólo nos acompaña un húmedo frío que por el momento
no castiga demasiado, pues el esfuerzo anula su sensación.
Entre tanto, vamos trazando curvas a derecha e izquierda con
fuerte desnivel que nos hacen estirar el cuello para llegar
antes arriba que el cansancio.
Comienzan a
abrirse claros y un cartel nos indica que estamos en el Alto del
Chorrillo a 2.715 metros, excelente mirador sobre el pueblo de
Trevélez que se divisa desde este balcón natural como una
tarta tremendamente blanca aplastada en el fondo del valle. Por
delante de nuestras narices, un grupo de cabras monteses pasan
sin darnos importancia. Qué pensarán de nosotros, nos
preguntamos…
Pedalear a
esta altura ya supone un desgaste y un cansancio progresivo
debido a la falta de oxigeno, por lo que dosificar
convenientemente evitará un súbito agotamiento o que pillemos
una “pájara” de altura. De lo acertado del ritmo al que
estamos pedaleando va ha depender lo más o menos arriba que
consigamos llegar. Por eso a cada relevo si uno de los dos
fuerza la marcha el otro se encarga de calmarle.
Seguimos
ganando metros y algunas curvas van convirtiéndose en miradores
naturales que regalan panorámicas espectaculares. La niebla
está cediendo paso a algunos tímidos rayos de luz y unos
kilómetros más arriba el paisaje comienza a teñirse de
blanco. Aparecen los primeros costrones de nieve a ambos lados
de la pista, más adelante estamos rodando por encima de ella.
Si esto sigue así no subimos…
Continúa