Puesto el mapa
desplegado sobre la mesa y las incógnitas sobre éste, la
ecuación nos llevó a la siguiente deducción: el punto más
alto de la Península se encuentra en la cumbre del Pico
Mulhacén con 3.482 m. de altitud, y el más bajo nos situaría
a nivel del Mar, es decir, en una playa del Mediterráneo, que
decidimos por su proximidad sea la de Salobreña. Por lo tanto,
sólo quedaba trazar una línea lo más lógica posible entre
ambos extremos para su ascensión y comenzar a rodar.
Nuestra idea era
realizar el itinerario en el día, por lo que elegimos la bici
de carretera para la primera parte del recorrido, ya que se
transita sobre asfalto y ganaremos en rapidez, y la bici de
montaña para la segunda parte, pues el asfalto se transforma en
pista de tierra. El lugar donde cambiaremos de máquina,
decidimos, será el alpujarreño pueblo de Capileira… sobre el
papel no parece difícil.
Hace semanas que
tenemos en mente ponernos encima de la bici y tirar hacia
arriba, pero no terminamos de ponerle fecha al evento y poco a
poco el otoño con su escasez de luz solar y los primeros fríos
nos han ido ganando terreno. Sin embargo, a la vez se nos ha ido
acrecentando esa necesidad de fuga de lo cotidiano en unos días
de los que alguien dijo… “El otoño es la mejor estación
para ver el campo entrar por la ventana”. Desde luego nosotros
éramos de los que preferíamos… “Salir por la ventana en
busca de los campos en otoño”.
Sin pensarlo dos
veces y por eso de que más vale tarde que el año que viene, en
un par de horas hemos quedado y colocado las bicis en la vaca de
todo un clásico para estos eventos de dudosa resolución: Un
histórico Renault 12 que sobrevive a las ITV más por
compasión que por solvencia mecánica.
Al fin, nos lanzamos
camino del Sur… Aunque, viajar con este coche supone dar la
razón a quien una vez dijo… “En el siglo de la prisa hemos
descubierto la lentitud”. Son ya muchos los caballos que se le
han ido quedando al pobre por los caminos en los que hemos
compartido tantos lugares y experiencias que es parte de los
mejores recuerdos de unos años imborrables. Como cuando llego
de un tirón hasta Moscú o cuando tuvo que ser remolcado por un
camello porque se quedo atascado en las dunas de la frontera de
Marruecos con Argelia. Este Renault algún día debería contar
sus memorias, estoy seguro que dejaría en evidencia a sus
primos, esos que participan en el París-Dakar…
Pasado Despeñaperros
paramos a tomar un cafecito y casualmente vemos en el telediario
la predicción meteorológica… “Tiempo inestable en toda
Andalucía, precipitaciones y nieve en las zonas altas”…
¡Maravilloso, qué suerte la nuestra! Para colmo tenemos que
pedir ayuda pues no conseguimos arrancar el coche. Al tercer
empujón vuelve a rugir como un león. Seguimos camino del Sur.
Continúa