Volver a la Página Principal
 tierratragame.es » 

Sumario

Introducción
Comienza el Viaje
Un poco de historia
El Marruecos actual
Marrakech
Fez
Meknes
Cascadas de Ouzoud
Casablanca y Rabat
Ifrane

Guía Práctica

 

 

Otros Reportajes

Marruecos
El Vecino Desconocido
Por Gloria Villoria Prieto
 
 Cascadas de Ouzoud
 

El autobús se adentra en la cordillera del Atlas y, lo que era un paisaje muy similar al de las provincias andaluzas de Sevilla o Jaén, se transforma en un terreno montañoso lleno de curvas y verdor. Bosques de pinos van más allá de lo que la vista puede abarcar y la carretera continúa su camino ascendente. El calor no es ya tan sofocante, el ambiente se atempera y la humedad aparece por primera vez. Tras un largo viaje, el autobús se detiene en un llano. Ante nosotros, sólo dos modestos hotelitos. Sin embargo, presiento que, una vez más, el tesoro está escondido. Así es, un camino de tierra y piedras desciende, a la derecha del primer hotel, hacia lo desconocido.

Comenzamos a bajar y un puñado de puestecillos adornan un flanco del sendero. La mayoría de los vendedores son chicos jóvenes con ganas de hablar. Los niños nos miran con curiosidad y con la esperanza de que caiga en sus manos algún caramelo. De pronto, el hormigón sustituye a la tierra e infinitas escaleras inician una bajada en zigzag más pronunciada ahora. Cientos, miles, millones de escalones en medio de una espesura casi selvática. El rumor del agua llega débilmente hasta nosotros, que nos cruzamos con varios grupitos de chicos con sus toallas, que regresan mojados del fondo del abismo de rocas y árboles. Todos nos saludan y, algunos de los que lo hacen con mayor efusividad, llevan en su aliento una culpa, han desafiado uno de los preceptos del Islam: aquel que impide beber alcohol.

En naciones como Arabia Saudí les esperaría un duro castigo. Después de 455 escalones, que una paciente turista se molestó en contar, Marruecos nos sorprende una vez más: estamos en las cataratas de Ouzoud. Mientras en las rocas un par de monos van de un lado a otro, el agua cae ininterrumpidamente por un barranco muy por encima de nosotros. Abajo, una docena de muchachos se bañan ; en ese momento, todos echamos en falta el bañador. El arco iris hace acto de presencia y todos pensamos, influenciados por los tópicos, que el paisaje parece extraído de cualquier país centroafricano, no de Marruecos. Pues sí, estamos en medio del que algunos creen que se trata de un gran desierto salpicado de una cuantas palmeras.

Le preguntamos al guía si el Rif se parece a esto y, negando con la cabeza mientras esboza una irónica sonrisa, nos cuenta que su exuberancia es mucho mayor. Vaya, vaya con el secarral norteafricano. Dejamos que el agua pulverizada nos salpique unos minutos y seguimos bajando. A unos cien metros de las cascadas, disfrutamos de la onírica visión de la cortina de agua mientras en una insospechada cafetería saboreamos el ya habitual té a la menta. El paraíso debe parecerse a Ouzoud.

Continua... >


 

Sala de Embarque - Carretera y Manta - Pincha y Vete - La Revista que viene - Déjate llevar - En el hatillo - Puerta de Acceso - Salvoconducto - Cúbrete las espaldas - El Tiempero - Insert Coin - Turismo Solidario - Utiliza la lengua - Turismo Deportivo - Con mucho gusto - Cuaderno de Bitácora - Canales Viajeros - Correveidile - Algo que declarar

viajes@tierratragame.es

Una revista de...

Nosotros - La Semana que vivimos - AGD Arte Gráfico Digital - Reportur - Publicidad