Localizada al norte, a 60
quilómetros de Fez, en la planicie fértil de Sais, en el
centro de todas las rutas. Fundada en el siglo XI con una
misión militar.
Meknes, la ciudad verde; el
verde del Islam. En la religión de Mahoma el verde simboliza la
esperanza, esperanza en una vida más allá de la muerte, en el
paraíso prometido. En comparación con Marrakech y Fez, Meknes
no tiene mucho que ofrecer. En primer lugar, visitamos unos
elitistas establos donde caballos de pura raza están menos
cuidados de lo que sería esperable. Caballos árabes, bereberes
y mestizos, fruto de la fusión de ambas razas. Nos acercamos y
se nos permite acariciarlos. Será un momento muy bonito para
los amantes de estos animales.
Mientras tanto, varios
aviones pasan por encima de nuestras cabezas a una velocidad
endiablada. Se trata de aparatos del ejército en maniobras de
vuelo. Meknes conserva el carácter militar del pasado. En un
pausado recorrido en autobús paralelo a la muralla, nos
sorprendemos con su extraordinario grosor y la belleza
decorativa de las grandes puertas, Bab el Mansour y Bab el
Kharimis, que, con colosales arcos de herradura abiertos en la
piedra, daban entrada a la ciudad fortificada.
La muralla de Meknes
presenta una notoria curiosidad: en algunos tramos es doble.
Así, se dejaba que los enemigos que amenazaban a la ciudad
atravesaran los muros de la primera muralla, éstos, confiados
ante el desconocimiento del segundo muro y crecidos por la toma
de la urbe, eran encerrados en medio de las dos paredes de
piedra y allí se les mataba masivamente. Además de unas
desproporcionadas caballerizas que siglos atrás albergaban a
miles de caballos y unos almacenes de grano subterráneos donde
el calor del exterior no se deja sentir, Meknes ya no da mucho
más de sí.
Continua... >