Al principio, los nómadas
del desierto eran los únicos habitantes de Marruecos, que ni
siquiera recibía éste, su actual nombre. Once siglos antes del
nacimiento de Cristo, los Fenicios se establecieron en sus
costas mediterráneas, puntos estratégicos que favorecían su
principal forma de vida: el comercio por el mayor mar interior
del mundo. Seis siglos después, fueron los cartagineses quienes
se asentaron en
las tierras del norte de África.
Fue en el primer siglo de
nuestra era cuando los romanos incorporaron Marruecos a su
provincia de Mauritania. El dominio romano finalizó en el año
492, cuando, a su caída, los vándalos procedentes de España
se apropiaron del territorio. Sin embargo, los bizantinos los
expulsaron poco después. Tras largas luchas contra los árabes,
los bereberes, la raza más antigua del África septentrional,
fueron sometidos y convertidos al Islamismo, hacia el siglo VII.
Almorávides primero y
almohades más tarde, gobernaron el territorio. Pero en 1212,
con la derrota sufrida ante los reinos cristianos de la
Península Ibérica en las Navas de Tolosa, el poder almohade
cayó con rapidez. Durante varios siglos, Marruecos vivió en un
estado de permanente inestabilidad. Cerrado a toda influencia
europea u otomana, impidió la entrada de españoles y
portugueses, que llevaron a cabo varias expediciones por sus
costas, sobre todo en el siglo XV.
En 1904, Francia hizo de
Marruecos su protectorado, lo que caló profundamente en su
población, que en su mayoría domina, además del árabe, el
francés. Sin embargo, dos años más tarde se celebró la
Conferencia de Algeciras, tras la que Marruecos quedaba dividido
en dos zonas: Ifni y el Rif para España y el resto para
Francia, ambas en régimen de protectorado. Esta situación se
prolongó hasta 1956, año en el que se proclamó la total
independencia de Marruecos.
Durante los cincuenta años
de dominación hispano francesa, numerosos actos de
insurrección de marcado carácter nacionalista se sucedieron en
el protectorado. Fueron los rifeños, encabezados por el hoy
considerado héroe nacional, Abd-el-Krim, quienes iniciaron
estas revueltas. A la muerte de Mohamed V, en 1961, ocupó el
trono su hijo, Hassan II, descendiente del profeta de la
dinastía Alauita desde 1664, quien se caracterizó por dirigir
un gobierno marcadamente autoritario.
En 1975, Marruecos recuperó
el único territorio que aún no le había sido devuelto: el
Sáhara, en manos de España. La llamada Marcha Verde precipitó
esta devolución. El absolutista e inmisericorde Hassan II
murió el 23 de julio de 1999. A lo largo de su mandato, superó
un intento de golpe de Estado y un atentado contra su persona.
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