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Tierra Adentro
Funchal

Guía Práctica

Mapa de Madeira

La Vuelta a Madeira en 40 fotos

 

 

Otros Reportajes

Madeira
Un Jardín en el Atlántico
Por Raquel G. Teclesmayer. Fotos de Miguel Iglesias.
 
 Tierra Adentro
 
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© Miguel Iglesias

Desde Funchal, comenzamos nuestra visita a la isla, recorriendo la costa oeste, donde es parada obligada el municipio de Camara do Lobos, pequeño pueblo pesquero, sumido en las tradiciones y habitado por familias numerosas, dedicadas en gran medida a faenar en aguas próximas a Funchal. Desde allí, siguiendo fieles al borde de la costa, llegamos a Ribeira Brava, una acogedora villa, cuyas calles y núcleo central, más bien parecen sacados de un cuadro, con unos blancos perfectos en iglesias, mercados, escuelas, unas calles peatonales, dibujadas, más que adoquinadas y donde el olor a mar, llega a ser sabor a sal. Atravesando la Ponta do sol, comienza nuestro ascenso hacia Paul da Serra, y absolutamente nada, nos puede hacer intuir, si esta llanura a la que nos aproximamos, estará cubierta de espesas nubes o por el contrario será el sol quien nos deslumbre a nuestra llegada; si es así nos permitirá observar que es de las poquísimas zonas donde nos vamos a encontrar ganado, precisamente favorecido al no existir las marcadas diferencias de altura propias de la erosionada isla. Desde allí Porto Moniz, apunta como próxima parada de nuestro itinerario, donde un pequeño pueblo turístico, nos muestra la braveza de la que puede ser protagonista el agua del Atlántico, rompiéndose, espumeante, contra las rocas, que han llegado a formar piscinas naturales.

La estrecha carretera, que nos conduce a Ribeira da Janela y Seixal, está a punto de abandonar la costa, aunque este recorrido se puede hacer por autovía, nunca nos encontraríamos una cascada, que hiciera reducir a nuestro vehículo y cayera directamente sobre él, ni apreciaríamos la altura o espectacularidad de tantas otras que encontramos en nuestro camino.

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© Miguel Iglesias

En nuestra visita, Seixal recuerda una otoñal tarde, llueve en Seixal. Un bosque de eucaliptos, helechos y acacias rodea a los cultivos y a las casas escalonadas, con sus diminutos Baleairos, casas individuales para la vaca familiar, cuya vida peligra en tan escarpado terreno.

El recorrido por la zona este de la isla, puede iniciarse con la visita al punto más alto de la isla, Pico Ruivo, si las nubes no lo impiden, las vistas pueden ser estupendas. Desde allí podemos dirigirnos hacia Santana, donde peculiares casas triangulares con techos de paja y con gran colorido, son perfectamente conservadas, pero escasamente utilizadas como viviendas, debido principalmente a su escaso tamaño (en alguna, expuesta al público, se puede visitar el interior), pero hasta llegar a Santana, los claros, bosques y valles que rodean a Ribeiro Frio, despertarán, de continuo, nuestra admiración y desde más de un miradouro, nos veremos confundidos y relajados a la vez por la línea que separa cielo y mar.

Nuestra excursión puede continuar visitando, Caniçal, antiguo pueblo ballenero, hoy, sin embargo, zona de protección de mamíferos marinos y pequeño puerto pesquero, para concluir en la Ponta de São Lorenço, el punto más oriental de la isla, y zona de acantilados y viento que producen agradables efectos visuales.

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