Surgida de volcanes,
Madeira, agreste y fértil a un tiempo, aparece por primera vez
en un mapa genovés de 1351, si bien, oficialmente, no fue
descubierta hasta 1418 por navegantes portugueses. Sin
constancia de vida indígena previa, cuenta la leyenda que
fueron necesarios siete años de fuego, para que los colonos
pudieran abrirse camino entre la frondosa isla, que llegó a
emparentar, a través de su vecina Porto Santo, con el
mismísimo Cristóbal Colón.
Vinculada, en algunos
momentos de su historia a España y más concretamente a las
islas Canarias, Madeira, sorprendentemente, no explota en la
actualidad la madera, si bien sus tierras, siguen fieles a su
producción de vid. Reconocidos vinos autóctonos tienen origen
en los mercaderes de los siglos XVI y XVII, así como en la
vinculación inglesa de la isla, tras el matrimonio de Carlos II
de Inglaterra con Catalina de Bragança en 1662.
Hoy, la isla
portuguesa, enarbola la bandera de su autonomía,
constituyéndose en región autónoma de Portugal, autonomía
que le fue concedida tras la famosa Revolución de Los Claveles
en el cercano 1974.
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