Hay que decir en su favor, que
la fauna que rondaba los pequeños alojamientos donde nos
hospedábamos, era exquisitamente variada. Aquellas habitaciones
constituían un ecosistema en sí mismo que nada tenía que
envidiar a los más reconocidos parajes Europeos:
20 de Agosto: "Tras probar el agua del
pozo decidimos que, después de todo, solo iba a servir para
ducharse, y así lo hicimos. Pero poco tiempo después nos
dimos cuenta de que éramos tres en la ducha.
¡Una rata!,- oí.
Aquello indudablemente
no era una rata a pesar de tener su tamaño, pero a mi se me
pego un poco de la histeria, por si acaso. La rata, sin
embargo, resultó ser la más perjudicada, hasta el punto de
que llegó a buscar refugio en mis calzoncillos. Incluso
ahora todavía me cuesta creer que ese intrépido animalito
era una rata saltadora, Hypogeomys antimena, un
curioso endemismo de Kirindy que debería estar en
hibernación".
Decenas de Geckos
culebreaban embriagados por las paredes, congregándose en las
zonas con luz, a la espera de que los fastidiosos mosquitos
hicieran su aparición. Sin embargo, los mosquitos eran solo una
línea en la larga lista de pequeños bandidos que merodeaban
por las noches en busca de sangre. Era curiosa la afición que
tenía un cierto tipo de ácaros de picar en líneas rectas a
intervalos iguales con tal precisión, que hubieran sido la
envidia de cualquier repoblador. Otros eran francamente bonitos:
20 de Julio: "Un vulgar insecto me ha
hecho arrastrarme por los suelos para sacarle unas fotos.
¡¿Qué hubiera hecho por un autógrafo?! Intentándole
buscar el aparato bucal ha resultado ser una chinche".
La diversidad de formas que
adapta la vida en Madagascar la convierten sin duda en el
paraíso del naturalista. Entre los favoritos, están los
enormes Baobabs que rompen el perfil de las zonas áridas del
Sur como inmensas zanahorias a medio enterrar, dándole al
paisaje un encanto especial, un encanto de leyenda.
Continua... >
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