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Embriagados por la visión del
rarísimo fossa, el puma malgache (Cryptoprocta ferox),
nos vimos envueltos en nuestra propia y maleducada versión del
Famadihana. Necesitábamos transporte de vuelta a Morandave
desesperadamente. Nada especial delataba la especial misión de
aquel coche cuando lo paramos, salvo su reticencia a detenerse y
su oportuna aparición tras el fossa.
Me sorprendió la negativa
del conductor a llevarnos, sabiendo que los transportes, por
irónico que pudiera parecer, casi nunca se llenan. A pesar de
nuestros inoportunos esfuerzos, el coche marchó sin nosotros.
Finalmente subimos a bordo de un autobús lleno de mujeres que
cantaban himnos religiosos y la conclusión se hizo inevitable,
¡habíamos sido lo suficientemente rudos e inconscientes de
parar en autostop una procesión funeraria! ¡Y nos habían
admitido!
Los antepasados dirigen la
vida de los Malgaches a través de un sistema de Fadys o tabúes
que pueden llegar a ser ciertamente desconcertantes. Algunos
pueden ser tan inconscientes como para prohibir encender
cualquier tipo de luz mientras se está navegando un río
completamente a oscuras, otros sin embargo, cumplen importantes
funciones y pueden ser la causa de que cierto tipo de lemur no
acabe sus días en la cazuela.
Aunque el extranjero esta
generalmente exento de cumplirlos, no es buena idea
ridiculizarlos o rebatirlos usando lógica occidental. Después
de todo, el forastero por su parte, es visto como un ser
esencialmente absurdo y su sola presencia muchas veces es
suficiente para desatar riadas de risas furtivas.
23 de Julio: " El paisaje era precioso
hasta que llegamos al "Hotel" de Madagascar. En
este sitio tan destartalado aprendimos que, después de
todo, se podía engrasar el suelo con los cambios de aceite
de los coches y por intentar explicar las inexplicables
costumbres de los Malgaches, decidimos que pretendían
mantener a raya las cucarachas, alimentándolas con los
restos de rostros pálidos que se despeñaran por las
escaleras".
Continua... >
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