Miseria, malnutrición y
enfermedad eran aceptados con una naturalidad que te helaba los
huesos. Una vez más, la mezcla era vertiginosa. Ya habíamos
tenido contacto con el ingenuo pero desolador mundo de los
pulcros burócratas:
9 de Julio: "Hemos entrado en un
edificio donde pedían los documentos de identidad a la
entrada. ¡Con pedían me refiero a que se los quedaban!…
¿A quien se le ocurre, tras preguntarle al oficial por el
lugar donde se prolonga el visado del pasaporte, pedirnos
que dejemos el pasaporte allí? Donde pretendían sellarnos
el pasaporte es algo que nos quedaríamos sin saber...Parece
que la única función del burócrata es irritar al
personal, a parte de tener el morro de pedir un suplemento
para él."
¡Estábamos tan enfadados
que por un momento pensé que íbamos a fundir las gafas! La
petición de un soborno requería la máxima habilidad por
nuestra parte y planteaba una problemática compleja.
Necesitábamos el visado, pero sabíamos que el ceder iba a
perjudicar seriamente nuestra salud. A pesar de ser el principio
del viaje, ya habíamos visto suficiente como para tener la
conciencia más que desarrollada y teníamos la firme intención
de no contribuir a perpetuar la situación del país. Además,
el soborno es un delito y por remota que pareciera, la
posibilidad de tener que rendir cuentas en un país que no era
capaz de asegurar la integridad de sus ciudadanos libres es
siempre aterradora.
Pero las gentes de
Madagascar son inocentes e inofensivas hasta en el chantaje y
por esa rendija nos escapamos, simplemente, nos fuimos sin
pagar. Su buena fe y su magnífica paciencia se manifiestan en
todos los aspectos de la vida, y de la muerte. La muerte y el
entierro son fiestas alegres en las que la gente se emborracha
con un ron que ahuyentaría a las mismísimas cucarachas.
Cada vez que la familia
siente la necesidad de visitar al ancestro, cambiarlo de sitio,
o cuando la tumba familiar esta ya llena, se organiza el
Famadihana o ceremonia del segundo entierro. Es una fiesta que
consiste, según la descripción del occidental, en desenterrar
al antepasado, bailar con él, consultarle los problemas y
disfrutar de su compañía durante varios días antes volver a
enterrarlo envuelto en sabanas nuevas. Esta es, sin embargo, una
descripción que despierta las carcajadas del Malgache más
retraído.
Continua... >
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