Pocas sensaciones te abarcan de una
manera tan completa como el ridículo. Las relaciones con el
transporte colectivo Malgache te lo proporciona con una
frecuencia y una variedad sobrecogedora. Cuando uno sube en
cualquiera de esos vehículos en distintos estados de
des-reparación, cualquier cosa es posible, convirtiendo al
intrépido viajero, en víctima inocente de sus triquiñuelas.
Las distancias físicas se
multiplican haciendo que trayectos de poco más de 300
kilómetros puedan llevar dos días completos. Pero mientras los
kilómetros se estiran a hurtadillas, las distancias
interpersonales, y por qué no decirlo, interanimales,
pavo-persona o cualquier otra combinación imaginable, se
escurren entre las marcas de las reglas más precisas. No es de
extrañar que semejante cóctel hunda frecuentemente al
todopoderoso occidental en la más profunda desadaptación:
17-18 de Agosto: "
Llevábamos veintidós horas seguidas de camión Mercedes
pero todavía no nos sabíamos "la cinta" de
memoria. Eso si, habíamos conseguido con la inestimable
ayuda del aire que levantaba el camión, vaciar el aceite de
la lata de sardinas en la persona de un pasajero por
detrás. En nuestra defensa tenemos que añadir que acto
seguido se nos voló el rollo de papel higiénico para que
se pudiera limpiar".