Todo excursionista
que pretenda ascender a una altitud elevada deberá estar bien
informado sobre las consecuencias del mal de altura, por su bien
y por el de el resto del grupo. Recuerda que tu grupo será tan
fuerte como el más débil de sus componentes. Tan solo se deben
seguir fielmente una serie de normas para una buena y progresiva
aclimatación: Una vez que se superan los 2.500 metros es
conveniente ascender unos 400 ó 500 metros por día y cada
1.000 metros ascendidos tomarse un día de descanso. Hay que
evitar estados de gran fatiga o fuertes esfuerzos y, por
entrenados que estemos, durante el proceso de aclimatación hay
que actuar casi a cámara lenta. Bruscos ejercicios o fiarnos de
engañosos estados de animo pueden hacernos claudicar
rápidamente. Cuanto más se ascienda, más despacio se debe ir
e incluso regresar a dormir por debajo de la cota alcanzada.
Hay que beber más de
lo habitual, al menos cuatro litros diarios son necesarios
durante las estancias en gran altitud. No es conveniente tomar
tranquilizantes en altura para dormir pues tienden a reducir la
capacidad de respiración. Por supuesto, el alcohol ni olerlo.
Si experimentas malestar, dolor de cabeza, vómitos o no te
sientes con aplomo es obligatorio dejar de ascender. Si esos
síntomas son mínimos descansa un jornada hidratándote
convenientemente y observa tu progresión. Si mejoras continua
adelante, pero si los síntomas continúan, el único
tratamiento posible es descender cuanto antes a cotas inferiores
(al menos 500 metros) aunque el diagnóstico no sea claro.
Seguramente la mejoría será clara y tras un descanso de uno o
dos días podrás seguir camino.

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Ante un caso agudo de
mal altura es necesario evacuar al enfermo urgentemente a menor
altura y llevarlo ante un médico, a ser posible antes de que no
pueda caminar. En ningún caso se debe permitir continuar al
afectado, no dejarle solo y, si se estima necesario, obligarle a
descender. Si la situación es muy grave ayúdate de yaks o
porteadores, pues calcula unas 24 horas para que llegue un
helicóptero a esta zona desde su aviso. Aunque se administre al
afectado oxígeno o medicamentos, no retrases la evacuación con
la esperanza de una mejoría. En estos estados de gravedad, la
mejor manera de recuperar al enfermo es mediante un cambio de
presión artificial gracias a una cámara de presión. Este
salvavidas de altura es cada vez más utilizado por expediciones
y por agencias de trekking. Recuerda que en la aldea de Periche,
a medio recorrido en el camino al Everest, existe un dispensario
médico especializado en mal de altura.
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