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Sumario

Introducción
El Valle Encantado
Atrapados en el tiempo
Por los caminos del Yeti
Un Alto en el camino
Camino del Caos
Otros miradores de espasmo en la ruta
Jaque al enemigo invisible
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Valle del Khumbu
"Escaleras al cielo"
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez
 
 Un Alto en el camino
 
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© Victoria Sánchez

En Namche es conveniente hacer una jornada de descanso activo para ir adaptándonos a la altitud, pues ya estamos a 3.440 metros. Durante ese día, podemos acercarnos hasta el monasterio de Thame y ser espectadores oyentes de las largas sesiones de oración, casi cantadas, acompañadas por los instrumentos milenarios que han puesto música ronca y profunda a la historia de estas montañas. Otra opción es llegar hasta el Hotel Everst View y disfrutar de las magnificas vistas sobre el Everest y el Ama Dablam, mientras tomamos un caliente té de roca, y continuar después hasta el pueblo de Khumjung, en donde Hillary fundó la escuela que reúne a todos los niños de las aldeas cercanas.

Pero si no os apetece mucho caminar, tenéis la opción de perderos por las empinadas calles del anfiteatro urbano de Namche; visitar el museo de la historia y forma de vida de estos valles; contactar con otros viajeros; o comprar alguna artesanía en los tentadores puestos callejeros. Incluso, si necesitáis algún equipamiento para los próximos días, aquí se venden las mejores falsificaciones de famosas marcas y restos de expedición a precios de saldo. Por cierto, Namche es el último lugar en donde hacer una llamada telefónica gracias a la energía solar.

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© Victoria Sánchez

Tras este día de toma de contacto con las formas y las gentes del valle, retomamos camino compartiendo vereda con otros muchos viajeros y por otros tantos porteadores cargados hasta lo impensable. Realmente son fardos gigantes que avanzan sobre escuálidas pero fibrosas piernas. Calzados con sandalias o descalzos, ponen en ridículo a las recias y caras botas de turista, compradas con lo que para ellos supone dos meses de trabajo. Cuando te cruzas con ellos siempre regalan una sonrisa y el tradicional “namaste”, saludo sherpa de bienvenida y despedida.

Como manda la tradición budista, iremos pasando por nuestra izquierda los numerosos chorten y muros mani, que son construcciones de piedra levantadas en mitad de los caminos en recuerdo de antepasados y para dar buena suerte al viajero. Cualquier asidero expuesto a la brisa, es utilizado para colocar largas ristras de banderas de oración, ofrecidas al viento para que las lleve a todas las partes. También nos encontramos con hileras de molinos de oración que, al paso, se giran con la mano en el sentido de las agujas del reloj, así lo esperan los dioses y es requisito de buena suerte. Y conviene recordar que todo el que se interna por estos parajes tarde o temprano la necesitará.

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© Victoria Sánchez

Tras un largo repecho se alcanza el monasterio de Thyangboche, el mayor y más conocido del khumbu, construido en el claro de un collado forrado de abetos y rododendros. Muchos dicen que las vistas que se atrapan desde este lugar son de las más bellas, entre otros el Everest, el Thamseku y en primer plano el Ama Dablam; la montaña sagrada de los sherpas que se muestra cargada de inestables seracs colgados y rectilíneos filos, polarizados por el flequillo que provoca el viento al arrastrar la nieve de las aristas cimeras. Una vez descalzados a las puertas del monasterio, se puede asistir a las murmuradas lecturas sagradas que los monjes entonan envueltos en un denso olor a incienso, y que invitan a la meditación y al desahogo mental.

Se puede hacer noche en alguno de los lodges cercanos al monasterio o descender hasta Deboche. En cualquiera de las opciones merece la pena asistir al ocaso del sol cuando los últimos rayos incendian las cumbre mayores. Si tenemos la suerte de que alumbre la luna llena, su luz rebotada por los espejos de hielo compondrán una escena en blanco y negro sorprendentemente irreal. Puestos de nuevo en marcha atravesaremos las calles de Pangboche, en cuya gompa (monasterio) hasta hace unos pocos años se podía ver un trozo de cráneo y una mano de un supuesto yeti. Aunque preguntéis, hoy nadie sabe que paso con las reliquias.

Según pasan las jornadas, comprobareis como vuestros porteadores caminan más ligeros a pesar de cargar con un pesado petate sujeto a la frente, incluso fumarán mientras caminan y, por contra, vosotros os encontrareis más torpes y agotados; es consecuencia de la ya considerable altitud a la que se transita, por lo que conviene tomárselo con calma. Como diría un budista: respirad y caminad con armonía…

Continúa


 

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