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Sumario

Introducción
El Valle Encantado
Atrapados en el tiempo
Por los caminos del Yeti
Un Alto en el camino
Camino del Caos
Otros miradores de espasmo en la ruta
Jaque al enemigo invisible
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Valle del Khumbu
"Escaleras al cielo"
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez
 
 Por los caminos del Yeti
 
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© Victoria Sánchez

Tras este mágico baño con los sabores, esencias y colores de la espitualidad, llega el momento más esperado. Es el turno del caminante, de las montañas, de los sherpas y… del esquivo “Yeti”. Os proponemos llegar hasta los mejores y de más fácil acceso miradores sobre las grandes catedrales de la Tierra. Eso sí, a pie, pues no hay otro medio posible de superficie que llegue a estos remotos confines. No hay porque temerlos, pues son rutas habitadas y abiertas hace medio siglo por las expediciones de exploración y de conquista que, además, han sido “equipadas” por los lugareños con modestos pero acogedores lodges (albergues), en los que encontraréis todo lo necesario para dormir, comer y descansar, haciendo que el camino sea más fácil y llevadero. Tan sólo necesitaremos estar habituados a caminar, ser precavidos con los efectos del tan temido y conocido, por esto lares, “mal de altura”, y llevar bien abiertos los ojos para no perder detalle.

La ruta que os proponemos parte del aeródromo de Lukla, este atajo aéreo ahorra 188 kilómetros de autobús (diez horas) y siete días de caminata desde Kathmandu. Además, el vuelo en las atrevidas avionetas, de aterrizaje y despegue corto, ya es toda una experiencia y la mejor de las lecciones de geomorfología desde las alturas, pues otearemos la intrincada y árida superficie sometida al tremendo quebranto del empuje tectónico. A través de la ventanilla izquierda (la de mejor panorámica al ir) asistiremos al mejor de los estrenos en butaca preferente; violentos ríos que han configurado profundas quebradas en las que “milagrosamente” se cultiva en la vertical de sus laderas; aldeas suspendidas en emplazamientos inexplicables y al fondo; la gran muralla blanca, la más afilada del planeta.

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© Victoria Sánchez

En el momento del aterrizaje muchos cierran los ojos, las pulsaciones suben y la garganta se seca, no es para menos, la pista es similar a un polvoriento campo de fútbol terminado en cuesta para favorecer la frenada. Pero una vez en tierra, al fin, estamos en el rellano de “la escalera al cielo” que jornada tras jornada nos irá acercando a la morada de los dioses, a la de los “yetis” y a la de los hombres del Khumbu: el pueblo Sherpa.

Si vais algo pasados de peso o simplemente queréis llevar las manos en los bolsillos atentos solamente de conseguir las mejores fotos, es el momento de contratar los servicios de alguno de los muchos porteadores que en el mismo aeródromo esperan la llegada de excursionistas. Ajustad un buen precio con él, o con los porteadores, que además del porteo incluya su alimentación. También podéis recurrir a la ayuda de un sherpa (guía) que os acompañará, pondrá el ritmo adecuado, se ocupará de encontrar sitio y comida en los lodges y os contará todo lo que queráis saber de estas montañas. En definitiva, tramitará y solucionará todas las circunstancias que se presenten durante el trekking. Puede ser contratado en alguna agencia de Kathmandu o en el mismo pueblo de Lukla, más económico pues os ahorrareis su pasaje aéreo.

Pues bien, ya estamos en disposición de dar nuestro primer paso himaláyico, pero no hay que olvidar que acabamos de aterrizar a 2.800 metros y que en pocos días llegaremos hasta los 5.600 metros, por lo que el éxito de esta caminata hacía las nubes, también dependerá de lo bien que se aclimate el organismo de todos y cada uno de los que forméis el grupo. Paso lento, evitar esfuerzos innecesarios, beber mucho líquido, no superar los 500 metros de desnivel por día y tomarse alguna jornada de descanso, son los simples secretos para no claudicar antes de tiempo frente al “enemigo invisible”.

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© Victoria Sánchez

Tras dos cómodas jornadas (haciendo noche en Benkar) atravesando ríos escupidos por los glaciares, sobre oscilantes puentes colgantes engalanados con banderines de oración, se llega a la capital del pueblo sherpa. Historicamente, Namche Bazar, fue importante escala en las caravanas que procedentes de la India llegaban hasta el Tibet y regresaban cargadas fruto del trueque de mercancías y alimentos. Hoy, al igual que entonces, Namche sigue siendo la más importante cita comercial de estos valles, cada mañana de sábado llegan gentes desde aldeas situadas a varios días de camino a pie, acarreando a su espalda o a lomos de renqueantes yaks grandes bártulos de lo que será motivo de negocio.

Es el gran bazar donde todo se vende, todo se compra y todo se cambia, al compás de tratos y regateos. Las rupias saltan de mano en mano y quien llegó cargado de arroz y huevos regresa a su aldea con sal y telas chinas. Pero sin duda, la atracción de este hormiguero humano son los abigarrados tibetanos. Tipos altos y corpulentos, de largo y adornado pelo trenzado, y abrigados con lanudas pellizas de yak. Son hombres y mujeres duros, muy duros, que atraviesan todo el mapa de la región guiando largas caravanas de yaks, por pasos glaciares que superan los 5.500 metros, para comerciar con las aldeas de la región. Seguro que intercambiáis algún recuerdo europeo por otro tibetano para el recuerdo.

Continúa


 

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