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Sumario

Introducción
El Valle Encantado
Atrapados en el tiempo
Por los caminos del Yeti
Un Alto en el camino
Camino del Caos
Otros miradores de espasmo en la ruta
Jaque al enemigo invisible
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Valle del Khumbu
"Escaleras al cielo"
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez
 
 Atrapados en el tiempo
 
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© Victoria Sánchez

Saliendo de la ciudad ya comienzan a verse los característicos cultivos en bancales, el único sistema efectivo para sacarle partido a un suelo que no conoce el plano horizontal. Pronto se llega a Patan, que es una cercana ciudad (antigua capital) a la que se puede catalogar como museo al aire libre. En esta ciudad encantada, cuna de las artes, se trabajan las mejores artesanías en los muchos talleres, tiendas y puestos callejeros.

Máscaras, alfombras, thangkas (pergaminos pintados) y los famosos cuchillos gurka esperan el imprescindible y noble arte del hábil regateo. Por supuesto, su Plaza Dhurbar, el Templo del Oro, el campo de refugiados tibetanos y el Templo de los mil budas son de inexcusable visita. Quizá sea oportuno comprar a alguno de los muchos vendedores itinerantes que salen al paso, un par de tarritos de bálsamo de tigre. Este clásico ungüento puede sernos de utilidad en los días que tenemos por delante, es un buen alivio contra tantas afecciones que no estará de más comprobar su eficacia.

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© Victoria Sánchez

Bhaktapur es otra ciudad suspendida en plena Edad Media. Privilegiada obra maestra de laberínticos callejones repletos de tenderetes y estructuras superpuestas, presidida por los treinta metros del templo de Nyatapol, el más alto de Nepal. Además, su respectiva Plaza Dhurbar y la Plaza Dattatreya son los platos fuertes de la ciudad. Pero ya que hablamos de platos, porque no probar un completo Dal-Bhat (arroz y lentejas) arriesgando un poquito con ardientes salsas y, si es necesario, apagar el fuego bucal con unos sorbos de chang (cerveza de patata)… ¡todo un placer!

Siguiendo periplo por el valle nos encontramos con el gran templo de Pashupati nath, bordeado por el río Bagmathi que en indú significa “de la boca del tigre viene el agua”, en el que se celebran diariamente ceremonias de cremación de cadáveres. La familia del difunto prepara meticulosamente la pira de troncos y paja que servirán de combustible, así como al propio finado. Tras colocar el cuerpo y lavar su cara y sus pies con el agua sagrada del río, el fuego hace el resto durante horas.

Siempre, bajo la atenta supervisión de algún familiar que se encargará de reincorporar al fuego alguna parte desmembrada del cuerpo y que, por último, lanzará las cenizas resultantes al río que todo lo purifica. Son escenas severas por el dolor de los allegados y por el fuerte olor a carne quemada que, inevitablemente, nos harán reflexionar sobre el valor final de la vida. Un montón de cenizas “purificadas” río abajo.

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© Victoria Sánchez

La estupa (templo de budismo) más grande que se conoce es Bodha nath que, como en todas las estupas, se presenta con los profundos ojos de Buda cubiertos por gruesas cejas y en medio el tercer ojo de la sabiduría, bajo una curvada nariz. Igualmente, presidida por los atentos ojos de Buda que todo lo ven, se levanta otra gran estupa en lo alto de la colina de Swyambhu nath, por cuyas escalinatas y tejados pululan cantidad de monos en busca de alimento o de algún bolso descuidado.

Otro de los lugares que pondrá a prueba nuestros cimientos interiores es Dakshinkali. Frente a un discreto altar, cientos y cientos de hindúes llevan a sacrificar búfalos, cabras, ovejas, patos y pollos en honor a la diosa Kali. Los animales son decapitados a cuchillo por un joven matarife mientras los devotos, descalzos, hacen cola hasta llegar al altar convertido, tras las primeras ofrendas, en una bacanal de sangre y barro. Entretanto, otros esparcen el líquido de cocos partidos y queman ofrendas en fuegos purificadores, componiendo una escena de tenso ritual. ¡Todo un trago esta sangrienta liturgia! Lugares más sosegados y de curiosa visita son el pueblecito newar de Bungmati o los espléndidos miradores sobre la cordillera de Nagarkot, Dhulikhel y Kakani, especialmente a la puesta del sol.

Continúa


 

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