¿Cuál ha sido su peor caso vivido
en este hospital?
Fue un excursionista checoslovaco que
quería llegar al campo base del Everest. Comenzó a tener los
primeros síntomas -dolor de cabeza y vómitos- en Pangboche a
3.985 metros, pero no les dio importancia, llego a Periche a
4.200 metros y pasó una noche infernal. Una persona de su grupo
que sabía de medicina, pero sin experiencia en montaña, le
diagnosticó neumonía, pues su respiración era agitada, tenía
abundantes expectoraciones y su piel se tornó de color azul.
Cuando por fin lo trajeron al hospital su pulso en reposo era de
130 pulsaciones por minuto y daba un porcentaje de oxígeno en
sangre del 38 por ciento, cuando a esta altitud no debería ser
inferior al 85 por ciento -a nivel del mar es el 100 por
ciento-. Su estado general y estos parámetros significaban que
estaba a tan solo una hora de morir. Lo tuvimos dentro de la
bolsa de presión toda la noche, durante 14 horas estuvimos
"pedaleando" para regalar a su cuerpo la presión que
necesitaba. Fue una larga noche pero le salvamos,
definitivamente fue un resucitado. Es un caso extremo que no
debe asustar a los futuros visitantes de estas montañas, pues
simplemente con haber escuchado los avisos de su cuerpo, este
paciente abría finalizado felizmente sus vacaciones y se
hubieran evitado una cruel pesadilla.
¿Hasta qué punto hay
desconocimiento en el turismo de montaña sobre las
consecuencias de la altitud?
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Cada vez la gente viene mejor
informada, pero no olvidemos que son miles y miles los turistas
que quieren subir rápidamente y muy alto. Son sus vacaciones y
han pagado mucho dinero para llegar hasta aquí, por eso a veces
subestiman los primeros síntomas y siguen ascendiendo. En los
grupos no todos se adaptan al mismo ritmo y hay que prever que
algún día de descanso extra puede ser suficiente para que
alguno de sus miembros se acondicionen y puedan continuar con
ellos. En este sentido, los grupos de trekking
generalmente suelen ser los que menos información y experiencia
poseen sobre el mal de altura, en el caso de la expediciones es
diferente, pues es gente que incluso trae su propio médico y
cumplen a rajatabla el periodo de aclimatación, tanto en la
aproximación a la montaña como en la ascensión de esta,
subiendo y bajando la ruta hasta que están en condiciones de
atacar finalmente la cumbre. También hay que valorar que antes
los visitantes de estas montañas eran más jóvenes y sanos, y
ahora, debido a los reclamos publicitarios, también son de
avanzada edad y salud delicada.
Pero hay quien ha subido el Everest
en una jornada y quien ha permanecido 69 días en la cumbre del
Aconcagua a casi 7.000 metros de altitud...
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En el caso del Everest, a efectos
comerciales y de publicidad, el cronómetro se puso en marcha en
el momento que se partía del C.B. Ahora bien, a efectos
científicos, el protagonista de la hazaña comenzó el desafío
mucho antes. Para acometer una montaña como esta es necesario
al menos un mes y medio de lento proceso de aclimatación.
Subiendo cotas altas y bajando a dormir por debajo de ellas, y
así progresivamente hasta conseguir estar en perfectas
condiciones a 6.500 metros, pues superada la altura ya no hay
proceso de aclimatación. A partir de esa altitud, todo depende
de la aclimatación anterior, del estado físico, del estado
psicológico y, por supuesto, de las condiciones de la montaña.
En el caso del español Fernando Garrido, que batió el récord
de permanencia en altura, tengo que decir que es un caso
excepcional. A partir de los 6.500 metros de altura comienza lo
que los alpinistas llaman "zona de la muerte", y
teóricamente tantos días a esa altitud supondría la muerte o
graves desperfectos orgánicos. Una vez superada esa altitud es
aconsejable permanecer el tiempo mínimo indispensable y si es
posible regresar a dormir a cotas inferiores. Afortunadamente,
el hombre sigue sorprendiendo a la ciencia. Cuando Messner y
Habeler subieron por primera vez sin oxígeno al Everest, la
ciencia les había dado escasas posibilidades de éxito. Hoy
sabemos que en la cima de la tierra la presión del aire es de
un tercio de la que hay a nivel del mar, y que sí es posible no
utilizar oxígeno artificial, como demuestran cada temporada
alpinistas que no lo usan, a pesar de los posibles efectos
secundarios.
Debe sentirse tentado al atender cada
día a decenas de excursionistas en busca de las montañas más
espectaculares de la tierra...
Soy un enamorado de las montañas y
de mi profesión, cuando subo montañas procuro ser un buen
escalador, y cuando hago mi trabajo un buen médico. Esta
temporada me ha tocado ser un buen doctor y un mal escalador.
Ayudar a los que tienen tus mismas inquietudes es muy
enriquecedora, además la relación con las gentes de estos
lugares es extraordinaria.
Tierra Trágame entrevistó al Dr.
Eric Jhonson en el Dispensario Médico que la Asociación de
Rescate del Himalaya posee en la Aldea de Periche, a 4200 m. de
altitud, cámino del Campo Base del Everest. Desde Tierra
Trágame agradecemos su colaboración y sentido del humor en la
realización de esta entrevista. Para más información sobre el
tema puedes consultar la Web de la Asociación de Rescate del
Himalaya www.nepalonline.net/hra.