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Sumario

Introducción
Médicos por Vacaciones
Aclimatarse Bien
Despiste de Altura

 

 

Otros Reportajes

¡Jaque al enemigo invisible!
Asociación de Rescate del Himalaya

Por Miguel Caselles. Fotos: Victoria Sánchez
   
 Despiste de Altura
 

¿Cuál ha sido su peor caso vivido en este hospital?

Fue un excursionista checoslovaco que quería llegar al campo base del Everest. Comenzó a tener los primeros síntomas -dolor de cabeza y vómitos- en Pangboche a 3.985 metros, pero no les dio importancia, llego a Periche a 4.200 metros y pasó una noche infernal. Una persona de su grupo que sabía de medicina, pero sin experiencia en montaña, le diagnosticó neumonía, pues su respiración era agitada, tenía abundantes expectoraciones y su piel se tornó de color azul. Cuando por fin lo trajeron al hospital su pulso en reposo era de 130 pulsaciones por minuto y daba un porcentaje de oxígeno en sangre del 38 por ciento, cuando a esta altitud no debería ser inferior al 85 por ciento -a nivel del mar es el 100 por ciento-. Su estado general y estos parámetros significaban que estaba a tan solo una hora de morir. Lo tuvimos dentro de la bolsa de presión toda la noche, durante 14 horas estuvimos "pedaleando" para regalar a su cuerpo la presión que necesitaba. Fue una larga noche pero le salvamos, definitivamente fue un resucitado. Es un caso extremo que no debe asustar a los futuros visitantes de estas montañas, pues simplemente con haber escuchado los avisos de su cuerpo, este paciente abría finalizado felizmente sus vacaciones y se hubieran evitado una cruel pesadilla.

¿Hasta qué punto hay desconocimiento en el turismo de montaña sobre las consecuencias de la altitud?

Cada vez la gente viene mejor informada, pero no olvidemos que son miles y miles los turistas que quieren subir rápidamente y muy alto. Son sus vacaciones y han pagado mucho dinero para llegar hasta aquí, por eso a veces subestiman los primeros síntomas y siguen ascendiendo. En los grupos no todos se adaptan al mismo ritmo y hay que prever que algún día de descanso extra puede ser suficiente para que alguno de sus miembros se acondicionen y puedan continuar con ellos. En este sentido, los grupos de trekking generalmente suelen ser los que menos información y experiencia poseen sobre el mal de altura, en el caso de la expediciones es diferente, pues es gente que incluso trae su propio médico y cumplen a rajatabla el periodo de aclimatación, tanto en la aproximación a la montaña como en la ascensión de esta, subiendo y bajando la ruta hasta que están en condiciones de atacar finalmente la cumbre. También hay que valorar que antes los visitantes de estas montañas eran más jóvenes y sanos, y ahora, debido a los reclamos publicitarios, también son de avanzada edad y salud delicada.

Pero hay quien ha subido el Everest en una jornada y quien ha permanecido 69 días en la cumbre del Aconcagua a casi 7.000 metros de altitud...

En el caso del Everest, a efectos comerciales y de publicidad, el cronómetro se puso en marcha en el momento que se partía del C.B. Ahora bien, a efectos científicos, el protagonista de la hazaña comenzó el desafío mucho antes. Para acometer una montaña como esta es necesario al menos un mes y medio de lento proceso de aclimatación. Subiendo cotas altas y bajando a dormir por debajo de ellas, y así progresivamente hasta conseguir estar en perfectas condiciones a 6.500 metros, pues superada la altura ya no hay proceso de aclimatación. A partir de esa altitud, todo depende de la aclimatación anterior, del estado físico, del estado psicológico y, por supuesto, de las condiciones de la montaña. En el caso del español Fernando Garrido, que batió el récord de permanencia en altura, tengo que decir que es un caso excepcional. A partir de los 6.500 metros de altura comienza lo que los alpinistas llaman "zona de la muerte", y teóricamente tantos días a esa altitud supondría la muerte o graves desperfectos orgánicos. Una vez superada esa altitud es aconsejable permanecer el tiempo mínimo indispensable y si es posible regresar a dormir a cotas inferiores. Afortunadamente, el hombre sigue sorprendiendo a la ciencia. Cuando Messner y Habeler subieron por primera vez sin oxígeno al Everest, la ciencia les había dado escasas posibilidades de éxito. Hoy sabemos que en la cima de la tierra la presión del aire es de un tercio de la que hay a nivel del mar, y que sí es posible no utilizar oxígeno artificial, como demuestran cada temporada alpinistas que no lo usan, a pesar de los posibles efectos secundarios.

Debe sentirse tentado al atender cada día a decenas de excursionistas en busca de las montañas más espectaculares de la tierra...

Soy un enamorado de las montañas y de mi profesión, cuando subo montañas procuro ser un buen escalador, y cuando hago mi trabajo un buen médico. Esta temporada me ha tocado ser un buen doctor y un mal escalador. Ayudar a los que tienen tus mismas inquietudes es muy enriquecedora, además la relación con las gentes de estos lugares es extraordinaria.

Tierra Trágame entrevistó al Dr. Eric Jhonson en el Dispensario Médico que la Asociación de Rescate del Himalaya posee en la Aldea de Periche, a 4200 m. de altitud, cámino del Campo Base del Everest. Desde Tierra Trágame agradecemos su colaboración y sentido del humor en la realización de esta entrevista. Para más información sobre el tema puedes consultar la Web de la Asociación de Rescate del Himalaya www.nepalonline.net/hra.


 

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