¿Cuáles son las normas básicas
para conseguir una buena aclimatación?
Una vez que se superan los 2.500
metros es conveniente seguir subiendo unos 400 metros por día y
cada 1.000 metros tomarse un día de descanso. Hay que evitar
estados de gran fatiga o fuertes esfuerzos. Por entrenados que
estemos, durante el proceso de aclimatación deberemos actuar
casi a cámara lenta, ejercicios bruscos o fiarnos de engañosos
estados de ánimo pueden hacernos claudicar rápidamente. Cuanto
más subamos deberemos ir más despacio, incluso regresar a
dormir por debajo de la cota alcanzada. No olvidemos que en la
ascensión del Everest la mayor parte del tiempo se pasa
descansando. Hay que beber más de lo habitual, de tres a cuatro
litros diarios es beneficioso y necesario durante las estancias
en gran altitud. Una vez nuestro organismo se haya adaptado a la
altitud en la que vayamos a permanecer o a realizar actividades,
comprobaremos que podemos actuar como la misma soltura que
anteriormente. Además, cuando regresemos a cotas inferiores
experimentaremos un excepcional estado de forma.
¿Hasta qué punto sirven los
tratamientos previos a base de medicación con diuréticos?
Desde mi punto de vista es mejor que
el organismo asimile por sí mismo el cambio de presión con una
acertada planificación, y condicionar la administración de
fármacos a estados ya declarados de AMS. Hay personas que los
utilizan porque han tenido problemas en el pasado con la
altitud, para dormir, o porque quieren alcanzar un objetivo
rápidamente, incluso los hay que se han ayudado con
transfusiones de sangre. El uso de este tipo de ayudas depende
de la moral de cada uno, pero no se deben olvidar los efectos
secundarios que producen.
¿Hay personas que se aclimatan mejor
que otras?
Existen factores genéticos que
determinan que un pequeño porcentaje de personas aclimaten
mejor o peor que la media, pero la gran mayoría consigue
aclimatarse en un periodo similar de tiempo. No influyen razas,
sexo o edad. De hecho, se dan casos de sherpas que, como sabemos
son los que mejor se desenvuelven en las alturas, se marchan a
Europa unos meses y cuando regresan sufren mal de altura.
¿Las consecuencias de progresar en
altura son iguales en todo el planeta?
El mal de altura se manifiesta por la
diferencia de presión a la que nos sometemos. Al nivel del mar
la atmósfera soporta una presión y la cima del Everest, por
ejemplo, es sólo un tercio de esta. Hay lugares de la corteza
terrestre que están más alejados del centro de la tierra que
otros, pero los efectos del AMS dependen exclusivamente de la
presión existente en esos lugares en relación con la que se da
al nivel del mar, independientemente del lugar del mundo donde
estemos.
¿Cómo hay que actuar ante un caso
de mal altura?
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Todo excursionista que pretenda
ascender a elevada altitud, deberá estar bien informado sobre
las consecuencias de una mala planificación y prevenirlas
responsablemente, por su bien y por el de el resto del grupo.
Poseer experiencia en anteriores periodos en altura es de
valiosa ayuda, pero sobre todo hay que prestar atención a las
propias sensaciones. No es convenientemente tomar
tranquilizantes para ayudarnos a dormir pues tienden a reducir
la capacidad de respiración y pueden inducir al AMS. Si se
experimentan los síntomas anteriormente mencionados o no te
sientes con aplomo es obligatorio dejar de subir. Si estos
síntomas son mínimos descansaremos una jornada hidratándonos
convenientemente y observaremos nuestra progresión. Si
mejoramos podemos seguir adelante, pero si los síntomas
continúan o se acrecentan el único tratamiento posible es
descender cuanto antes a cotas inferiores -al menos 500 metros-
aunque el diagnóstico no sea claro. La mejoría será
ostensible y tras un descanso de uno o dos días podremos seguir
camino.
Diferente sería la situación si
estuviéramos frente a un caso agudo de mal de altura, entonces
sería necesario evacuar al enfermo urgentemente a menor altura
y llevarlo a un médico, a ser posible antes de que no pueda
caminar. Si el caso es muy grave ayúdate de yaks o porteadores, pues calcula unas 24
horas para que llegue un helicóptero a esta zona desde su
aviso. Aunque se administre al afectado oxígeno o medicamentos,
no retrases la evacuación con la esperanza de una mejoría.
Para estos estados de gravedad, la mejor manera de recuperar al
enfermo es mediante un cambio de presión artificial gracias a
una bolsa de presión o cámara hiperbárica. Por supuesto, en
ningún caso permitir continuar el afectado, no dejarle solo, y
si se estima necesario obligarlo a descender. Si la evacuación
se hace en helicóptero deberán darse los datos del enfermo,
sus síntomas e historial médico si se conoce.
¿Qué es una bolsa de presión?
Es un compartimento estanco con
válvula de estabilización, en el que se introduce al enfermo y
mediante la insuflación de aire por bombeo, se consigue una
presión atmosférica determinada. En unos minutos se consigue
descender artificialmente al enfermo miles de metros por debajo
del lugar donde estemos. La bolsa de presión se ha convertido
en una herramienta indispensable para nosotros y para las
expediciones que atacan grandes montañas. Pero también lo es
para las agencias de trekking que tienen la
responsabilidad de solucionar una posible emergencia a sus
clientes. Es un utensilio muy sencillo, de poco peso y, una vez
plegado, del tamaño de una mochila, lo que facilita su
transporte hasta lugares donde no hay posibilidad de ayuda
exterior. La bolsa de presión es un salvavidas de altura.
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