Cada temporada miles de
apasionados de la naturaleza visitan por primera vez los valles
y las montañas del Himalaya. Muchos son expertos montañeros en
sus países, y otros son nuevos e inquietos aventureros que
quieren llegar tan arriba como les sea posible. El Himalaya es
su meta y su desafío, ahora bien, todos ellos saben que estas
montañas empiezan donde otras grandes montañas acaban y que el
éxito de su viaje también depende de una buena aclimatación a
las alturas. Por si las previsiones fallan o hubo falta de
información, la Asociación de Rescate del Himalaya vela por su
salud, y nos recuerda que las prisas no son buenas compañeras
en el Himalaya.
Es madrugada y el doctor
Eric Jhonson no quita ojo a su paciente, hace horas que le
introdujo en la cámara hiperbárica y no ha dejado de bombear
la presión que éste necesita. A estas alturas todo depende de
su respuesta a la medicación y de que el "mágico"
cambio de presión artificial retorne a la vida a su paciente.
Si no fuera por el letrero de la puerta nadie pensaría que esta
modesta casita lejos de todas las partes es un hospital, pero
así es, es el único hospital existente situado a varios días
de camino de algún lugar al que pueda accederse en vehículo.
El doctor Jhonson dice a los que esperan angustiados la
evolución de su amigo, que el paciente está seriamente
afectado por mal de montaña y que ha estado a tan solo una hora
de morir. "Afortunadamente lo estamos recuperando…"
Por la mañana, un
helicóptero del ejercito nepalí llega para evacuar al
maltrecho excursionista, el doctor y sus colaboradores respiran
hondo mientras el helicóptero cruza el valle a toda máquina.
Ha sido una larga y angustiosa noche en vela, pero han
conseguido arrancar de los infiernos a un desinformado caminante
que no supo defenderse adecuadamente del "enemigo
invisible". La Asociación de Rescate del Himalaya hace 25
años que intenta sobre el terreno reducir al mínimo los
siniestros que puedan producirse en el Himalaya nepalí, y
contribuye con sus investigaciones y trabajos de divulgación a
mejorar las relaciones del hombre con la montaña.
Poseen unos modestos
dispensarios situados en dos de las rutas de trekking
más frecuentadas del Himalaya. Uno está en Manang a 3.500
metros de altitud, en la ruta que da la vuelta en los Anapurnas
y el otro, donde se desarrolla esta entrevista, en Periche a
4.200 metros, en el camino que conduce a la montaña más alta
del planeta. Son construcciones sencillas y con medios limitados
en las que profesionales voluntarios investigan, informan y
auxilian a los visitantes que lo necesitan. No es fácil para
estos doctores aguantar tres meses en un lugar gélido, donde el
agua corriente es el ruido del río, la luz eléctrica es de
escasos vatios y el agua caliente es a base de calderos sobre
fuego. Sin embargo, los últimos conocimientos sobre medicina de
emergencia en altura están a disposición de quien
desafortunadamente pueda necesitarlos en estos remotos lugares.
El doctor Jhonson, curtido
como especialista en medicina de emergencia, es uno estos
"ángeles de la guarda" que en su periodo de
vacaciones vela por la salud de aquellos, que también de
vacaciones, se adentran en la trastienda de las alturas. Nació
en EE.UU. y desde niño se sintió atraído por las montañas.
Se confiesa enamorado de la naturaleza en su máxima expresión.
Por eso intenta aunar profesión y afición en beneficio de
aquellos que, como él, buscan la belleza de las montañas. Sabe
muy bien cuales son las consecuencias de no estar informado
cuando se camina en altura. A los 22 años, todavía estudiante
de medicina, sufrió en propia persona un edema pulmonar como
resultado de subir en diez horas desde el nivel del mar a 4.000
metros de altitud. No se olvida de aquella dura experiencia ni
de los terribles casos que a tenido que atender a lo largo de su
vida profesional.