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Florencia, morada de las Artes
Roma, cuna imperial
Guía Práctica
 

 

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Italia Clásica,
Italia Bella

Texto y Fotos: Andrés Cubero
 
 Roma, cuna imperial
 
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© Andrés Cubero

La “Ciudad Eterna” muestra su magnificencia desde el primer momento en que el viajero planta sus pies en suelo romano. Su esplendor radica en que es la primera ciudad-museo del mundo. Basta con torcer una esquina para encontrarte con una fuente que data del siglo XIII o con una estatua perteneciente al periodo del Imperio. Y es que Roma es así, llena de recuerdos temporales que evocan épocas pasadas a las cuales el turista se siente transportado.

El Antiguo Imperio, la Edad Media, la Moderna y la Contemporánea se entremezclan y se distribuyen la ciudad que fue tierra de Césares y dioses mitológicos. Y es que Roma, con sus estrechas y sinuosas callejuelas que se abren a grandes avenidas principales, desprende una atmósfera misteriosa donde pasado presente y futuro se funden en un todo continuo.

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© Andrés Cubero

La capital italiana ofrece al visitante la posibilidad de reconstruir la historia de Italia y, por extensión, la del mundo occidental a lo largo su visita turística. Desde la versión clásica del estadio de fútbol, el Coliseo, hasta la Plaza Venecia, lugar donde Mussolini pronunciaba sus multitudinarios discursos, Roma refleja la importancia de ésta en la historia universal.

Llama la atención que, siendo la capital de la séptima potencia económica mundial, sus casas rara vez superen los cinco pisos. Pero este hecho no le resta atractivo, al contrario, lo incrementa, puesto que parece que el fluir histórico se ha parado y que las costumbres tradicionales se mantienen como si de una importante herencia se tratara. Hasta las ventanas de las casas son diferentes; como las de antaño, son de madera y se abren hacia fuera y permite, al que las abre, que una bocanada de aire fresco le de en la cara.

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© Andrés Cubero

La capital del mundo cristiano, el Vaticano se encuentra al oeste de la ciudad de la que fue la capital del mundo pagano en la Antigüedad, Roma. Con tan sólo 44 hectáreas de superficie es una ciudad-estado que presume de tener su propio sello y su propia moneda. La plaza de San Pedro se inunda de creyentes cuando el Papa, máximo dirigente del Vaticano, preside la eucaristía. Las enormes dimensiones de la Basílica de San Pedro contrastan con las humildes edificaciones bajas que se encuentran a su alrededor y que ya pertenecen a Roma.

El poeta Lord Byron, enamorado de Italia, escribió en una ocasión: “Cuando caiga Roma, el mundo también caerá”. Después de miles de años, Roma, destruida y reconstruida en multitud de ocasiones, goza de buena salud y es digna de la mayor de las admiraciones por la mezcla de épocas y periodos que muestran sus calles.

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