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La “Ciudad
Eterna” muestra su magnificencia desde el primer momento en
que el viajero planta sus pies en suelo romano. Su esplendor
radica en que es la primera ciudad-museo del mundo. Basta con
torcer una esquina para encontrarte con una fuente que data del
siglo XIII o con una estatua perteneciente al periodo del
Imperio. Y es que Roma es así, llena de recuerdos temporales
que evocan épocas pasadas a las cuales el turista se siente
transportado.
El Antiguo
Imperio, la Edad Media, la Moderna y la Contemporánea se
entremezclan y se distribuyen la ciudad que fue tierra de
Césares y dioses mitológicos. Y es que Roma, con sus estrechas
y sinuosas callejuelas que se abren a grandes avenidas
principales, desprende una atmósfera misteriosa donde pasado
presente y futuro se funden en un todo continuo.
La capital
italiana ofrece al visitante la posibilidad de reconstruir la
historia de Italia y, por extensión, la del mundo occidental a
lo largo su visita turística. Desde la versión clásica del
estadio de fútbol, el Coliseo, hasta la Plaza Venecia,
lugar donde Mussolini pronunciaba sus multitudinarios discursos,
Roma refleja la importancia de ésta en la historia universal.
Llama la
atención que, siendo la capital de la séptima potencia
económica mundial, sus casas rara vez superen los cinco pisos.
Pero este hecho no le resta atractivo, al contrario, lo
incrementa, puesto que parece que el fluir histórico se ha
parado y que las costumbres tradicionales se mantienen como si
de una importante herencia se tratara. Hasta las ventanas de las
casas son diferentes; como las de antaño, son de madera y se
abren hacia fuera y permite, al que las abre, que una bocanada
de aire fresco le de en la cara.

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La capital
del mundo cristiano, el Vaticano se encuentra al oeste de la
ciudad de la que fue la capital del mundo pagano en la
Antigüedad, Roma. Con tan sólo 44 hectáreas de superficie es
una ciudad-estado que presume de tener su propio sello y su
propia moneda. La plaza de San Pedro se inunda de creyentes
cuando el Papa, máximo dirigente del Vaticano, preside la
eucaristía. Las enormes dimensiones de la Basílica de San
Pedro contrastan con las humildes edificaciones bajas que se
encuentran a su alrededor y que ya pertenecen a Roma.
El poeta
Lord Byron, enamorado de Italia, escribió en una ocasión: “Cuando
caiga Roma, el mundo también caerá”. Después de miles de
años, Roma, destruida y reconstruida en multitud de ocasiones,
goza de buena salud y es digna de la mayor de las admiraciones
por la mezcla de épocas y periodos que muestran sus calles.
Continúa
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