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Cuna de
grandes genios y espíritus creadores, Florencia es referencia
obligada al hablar del Renacimiento europeo. Así lo muestran
sus tesoros artísticos. Capital de la región de la Toscana,
está situada en una hermosa campiña con verdes praderas e
inmensos viñedos que ha servido de inspiración a numerosos
artistas y arquitectos como Brunelleschi.
Florencia es
el arte por el arte. Allá por donde camines encuentras alguna
expresión cultural, bien sea escultura, pintura o arquitectura.
Ricas familias fijaron su residencia en esta ciudad durante la
Edad Media: los Médicis, los Pitti... Sus lujosos
palacios, que se encuentran repartidos por el mapa florentino,
reflejan la rivalidad que existió entre esos clanes.
Cada familia
pretendía ser la más importante y, para ello, gastaban y
gastaban el dinero de sus arcas en lo que sería su mayor legado
a la historia: palacios, a cada cual más impactante por su
riqueza, y espléndidas obras de arte que encargaban los
artistas de la época.
Callejear
por Florencia es una de las actividades obligatorias para
conocer de verdad la ciudad. Casas bajas con fachadas de tonos
pálidos, restaurantes de buen comer escondidos a la vuelta de
la esquina... Nadie puede resistirse a los encantos de esta
urbe, ni a los de sus ciudadanos que, gentiles y cordiales con
los turistas, les explican lo que quieran saber sobre Florencia
siempre y cuando entiendan un poco de italiano, cosa que no es
muy difícil.
Las calles
de la ciudad permiten a sus habitantes, con cuidado, desplazarse
en bicicleta. Vayas por donde vayas te encuentras un grupo de
amigos que, en vez de escoger el autobús para desplazarse, han
optado por tan saludable vehículo.
Cuando llega
el crepúsculo, la ciudad no se queda sumida en ninguna especie
de letargo. Continua la vida en Florencia cuando cae la noche.
Pubs y cervecerías abren sus puertas para deleite de los
jóvenes y los no tan jóvenes. Pluralidad de países se mezclan
en estos comercios: ingleses, españoles, alemanes, franceses,
japoneses... También la noche invita a continuar callejeando
por el laberinto florentino y seguir descubriendo aquellos
pequeños tesoros que se encuentran escondidos por las
callejuelas de la ciudad.
Continúa
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