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Numerosas
islas conforman esta ciudad que, atravesada por el Canal
Grande, saluda cada mañana a miles de turistas que buscan
ansiosos abrirse paso por el laberinto de canales que, de
siempre, ha caracterizado a Venecia.
La única
forma posible de llegar a la ciudad acuática es por tren. Es en
la propia estación de ferrocarril donde la magia se empieza a
sentir. Nada más salir de la estación de Venezia Santa
Lucia el viajero percibe la atmósfera tan peculiar de la
que hace gala la ciudad. El agua se convierte en la versión
húmeda del asfalto. Nadie espera al autobús pues en su lugar
encontramos el peculiar vaporetto que recorre el Canal
Grande y permite admirar la grandiosidad de algunos palacios
venecianos que en su día fueron moradas de importantes familias
acaudaladas. A los lados del Canal Grande se ubican
importantes edificaciones como es el casino de Venecia, el Palazzo
Grassi, sede de importantes exposiciones, y el Palazzo
Labia, entre otras.

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La Plaza
de San Marco, siempre inundada de turistas, impresiona por
lo llena que está de vida. Músicos ambulantes deleitan a los
viajeros con canciones italianas que, a más de uno, empujan a
bailar dejándose llevar por las notas. Numerosos puestos
ofrecen la posibilidad de adquirir alguna pieza de cristalería
de Murano. Las galerías que recorren los laterales de la
plaza albergan cafeterías decoradas a juego con el ambiente
veneciano. Aunque degustar un capuccino en una de estas
cafeterías se puede considerar un lujo -por su precio-, no se
puede negar que es una experiencia única que merece la pena. Al
frente, presidiendo la plaza, se alza la Basílica de San
Marco, que deja boquiabierto al visitante al contemplar su
fastuosa fachada plagada de mármoles y esculturas.
Uno de los
mayores atractivos de Venecia son sus famosos carnavales. Parece
que los venecianos hacen un paréntesis en su vida cotidiana
para sacar a la calle sus mejores disfraces y, como si se
tratara de ropa de calle, almuerzan en los restaurantes o pasean
por las calles. Lo que no son canales son callejuelas estrechas
con escaparates de lo más variopinto. Hay tiendas de disfraces
que, al introducirte, te sientes como transportado a un mundo
mágico donde la imaginación y los sueños son los únicos
límites. Junto a estos fabulosos comercios se ubican tiendas de
alta costura italiana como Benetton o Versace; también se
suceden pizzerías, heladerías...
El típico
viaje en góndola es una experiencia que merece la pena probar.
Mientras el gondolero deleita al pasajero con una pieza musical,
éste puede ver los palacios donde vivieron Lord Byron,
Casanova, Marco Polo o el mismísimo Amadeus Mozart.
Cuando cae
la noche la magia no desaparece, pero adquiere un matiz
fantasmal debido a que nadie reside en Venecia, sólo los
empleados de los hoteles y los turistas que van de paso. Los
palacios y las calles se quedan vacíos y el silencio inunda los
canales que durante el día sufrieron el trasiego de las
embarcaciones.
Continúa
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