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Italia, cuna
de la civilización occidental, tierra de grandes dioses,
compendio de distintas épocas..., es un país donde todo es
posible. Recorrer Italia equivale a hacer un repaso a la
historia de Occidente. Con sus 1.300 km de longitud, la “Gran
Bota” del Mediterráneo guarda en sus fronteras un sinfín de
tesoros artísticos e históricos. Tan pronto estás admirando
la grandeza del Imperio Romano como te sumerges en la
fastuosidad de los palacios florentinos.
Nadie puede
resistirse a la belleza de las tierras italianas. Verdes
praderas al pie de grandes lagos, pequeñas aldeas en la falda
de altas montañas... Todo ello ofrece al viajero un paisaje de
ensueño. Un paisaje que perfectamente se combina con grandes
ciudades industrializadas como Roma o Milán. Ciudades que han
llegado a convertirse en puntos de referencia de distintos
sectores de la sociedad. Milán es el centro internacional de la
moda como Florencia lo es de las artes y, así, todas y cada una
de las urbes italianas tienen algo importante que ofrecer al
mundo.

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La pasta es
el plato típico del país. Nadie es capaz de concebir una
Italia sin pasta y, por esta razón, este plato ha alcanzado el
nivel de emblema nacional. Se toma a todas horas y en todas las
comidas y puede presentarse de las más variadas formas y
colores: lisas y alargadas, verdes o marrones, redondas y
huecas, amarillas o negras...Y es que los italianos son
poseedores de un gran arte culinario. Junto a la pasta, el vino
también es característico de Italia. Cada región posee su
vino que nada tiene que envidiar al francés o al español. De
hecho, Italia produce más cantidad de vino que ambos países.
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