|
Las ciudades
holandesas tienen un aspecto romántico, junto a una parte
administrativa de peso. La capitalidad financiera la ostenta
Rótterdam. Esta ciudad, trepidante en negocios y actividad
empresarial durante el día, se abre en edificios modernos y
funcionales, que alcanzan alturas imponentes y diseños
revolucionarios. Estructuras que acercan a las alturas a
destacadas firmas, que han llegado a convertirse en edificios
emblemáticos de Rótterdam.
La
agitación de la ciudad se mitiga con tranvías que circulan
sobre vías verdes, sobre itinerarios de hierba. Grandes parques
y esculturas obligan a distraer la atención de cualquier asunto
que no sean ellos, y con los que tropezamos a cada paso en esta
ciudad espaciosa. La nota de clasicismo, la pone el puerto de
Delft y sus aledaños. Espiritualidad y sosiego se irradian
desde este antiguo puerto al resto de la gran urbe.
La ciudad
administrativa por excelencia es La Haya. Inmensas avenidas y no
menos imponentes casas coloniales caracterizan la parte norte de
la ciudad, donde se encuentran instaladas la mayor parte de las
embajadas. El centro de la Haya estrecha ligeramente sus calles
y revoluciona los horarios comerciales antes de llegar al
Tribunal Internacional de Justicia. Ante semejante institución,
uno deja volar su imaginación y sus deseos, lo que contrasta
con este representativo edificio que sin embargo algunos
imaginábamos más imponente...
Ámsterdam
nos aleja de la burocracia para llevarnos de la mano del
romanticismo de sus canales y casas clásicas, que no alcanzan
mucha altura. Idílica, la capital de los Países Bajos, tiene
un incesante movimiento, propio de una gran ciudad, comedido
quizá, por sus bicicletas, barcos y tranvías, haciendo de
Ámsterdam una ciudad palpitante, pero no angustiosa. Perfecta
para pasear y admirar.

 |
En Utrech,
con su parcela de placidez entre canales, los estudiantes
encuentran un lugar perfecto para el desarrollo de la labor que
les es propia. Aquí la vida a orilla de los canales es
sumamente intensa y tentadora. Bares y restaurantes aprovechan
el espacio que un día fue ocupado por muelles comerciales, con
un acceso directo a los canales, para la carga y descarga. El
Instituto Cervantes, ha elegido como sede esta ciudad, donde los
holandeses se acercan al idioma castellano. El edificio que lo
aloja, lleno de leyenda, tiene una ubicación de honor. Desde
él se observa una población tranquila e inquieta a un tiempo.
No por más
pequeñas, merecen menos comentario otras localidades como Gouda,
donde el queso que toma su nombre aparece a cada esquina.
Alkmaar y su plaza rodeada de curiosos, donde se lleva a cabo,
de una manera muy vistosa, la subasta del queso. Volendam y
Marken, antiguos pueblos pesqueros cercanos a Ámsterdam,
convertidos, hoy, en pequeños centros turísticos, y una
multitud de localidades, todas a orillas de algún canal, que
como Veere invitan a fijar residencia en él.
Continúa
|