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Los
matrimonios entre homosexuales o la eutanasia, se han abierto
paso en la sociedad holandesa. Contrarios o adeptos a estas
instituciones, reconoceremos en el holandés una moral abierta a
los cambios.
Igual que la
fisonomía o la demarcación de su territorio, es algo vivo y
cambiante, adaptándose de forma continua a su nueva realidad,
Holanda ha considerado la posibilidad de despenalizar el consumo
de ciertas drogas blandas o el ejercicio de la prostitución.
La
flexibilidad ética de esta nación, contrasta sin embargo, con
la rigidez y el rigor que acompaña a sus proyectos y luchas, en
muchos casos tan innovadores como sus propuestas socio-legales.
¿Quién
proyecta aeropuertos, campos agrícolas y prolongaciones de sus
ciudades invadiendo los dominios marítimos? Aquellos que no
conciben imposibles, que evolucionan con las exigencias de la
historia y que se permiten rectificar de forma natural.
Si el
holandés no se cierra a los nuevos acontecimientos, mucho menos
lo hace al resto de pueblos y culturas. El comercio tan
floreciente en los orígenes de las ciudades de Holanda o la
religión, de antiguo católica y hoy predominantemente
protestante atrajo a muchos extranjeros. Siglos después Holanda
sigue siendo un país de acogida.
Museos,
conciertos y otras tantas manifestaciones artísticas y
científicas dejan al descubierto las inquietudes de los
holandeses. El Museo Tropical o el Museo del Mundo hace más
internacionales las costumbres y tradiciones que forjan la
historia y la cultura de los Países Bajos.
Esta joven
Holanda, con una población infantil a destacar, es un país con
un sistema social consolidado. Índices de desempleo mínimos,
estructuras educativas que facilitan la formación con becas y
créditos y con conceptos rompedores de eficacia sorprenderán
tanto o tan poco al viajero como la sociabilidad del país.
Eficaces y sociables, además de sociales, los holandeses son
claros, contundentes y cercanos. Dispuestos a recibir con
libertad.
Continúa
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