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Es
increíble la inconsciencia que nos da el progreso. Salir de
nuestra rutina a parajes tan poco “domesticados” nos sirve
para comprobar el letargo en el que vivimos sin darnos cuenta.
Aún existen hombres que viven “sobreviviendo”, que valoran
cada despertar como un regalo y cada rayo de sol como un tesoro
que guardar para asegurarse su mañana. He descubierto una vez
más que mientras nosotros “desvivimos” la vida de forma
inconsciente hay aún miles de almas que se beben la vida
saboreándola sorbo a sorbo.
A nuestro
gran viaje le sucedieron viajes en barcos balleneros hasta otras
ciudades del sur de Groenlandia, rutas en Kayak entre icebergs y
un inolvidable vuelo en helicóptero hasta el “inlandis”.
Como siempre que las vivencias son realmente intensas, el
lenguaje queda realmente parco para describir el silencio del
hielo, el rugir de la banquisa sobre el casco del barco o la
sonrisa de quienes saben que todo lo que respiras desborda hasta
el infinito tus expectativas.
Más que un
viaje a través de Groenlandia,, fue Groenlandia la que se paseo
por nuestro interior activando la esencia que despierta los
sentidos, el instinto y, sobre todo, el valor de los valores
inservibles en un mundo que a pesar de todo quieren que sea “global”.
Continúa
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