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Jamás
hubiese pensado que el hielo escondiese mil y una historias...
que cada veta te hablase de un día cualquiera en el calendario
del mundo y a la vez de milenios... que las gentes que pueblan
este territorio tuviesen unas sonrisas tan cálidas como para
sublimar el hielo en miles de nubes.
El
propósito de nuestro viaje no era otro que el de empaparnos de
una de las esquinas geográficas más desconocidos de todo el
planeta... la mal llamada "tierra verde" (Greenland)
recibe su nombre porque un día, cuando los audaces vikingos
llegaron, así lo fue. Así pues, desembarcamos sorprendidos por
la ausencia de nieve, pero pronto aprendimos a ver "mas
allá" de nuestros ojos. Narsasuaq, el primer suelo
groenlandés que pisamos, no es más que los restos de lo que
fue una antigua base militar durante la Segunda Guerra Mundial.
Unos 50 habitantes se reparten entre el ajetreo del aeropuerto y
el del hotel. Nos esforzamos en comprender la excepcionalidad
del viaje y lo extraordinario de cada día. Supimos de las
bruscas y adversas variaciones de tiempo que obligan a continuas
cancelaciones en los vuelos.

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Pero, una
vez allí, es cuando todos desarrollamos una pasmosa capacidad
de adaptación y todos conseguimos olvidarnos de la prisa, de
los horarios, del reloj... supimos entender el modo de vida de
unas gentes que reciben a través de la televisión imágenes de
un mundo de consumismo desordenado que tanto les cuesta
comprender.
Continúa
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