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Viví los
días anteriores a mi partida con esa infantil inquietud. Con
olor a goma de borrar y a lápices nuevos, como el día antes de
irte de excursión con el colegio o el último día antes de las
vacaciones... con un "nudito" en el estómago mezcla
de nerviosismo y alegría que tenemos todos y que, en mi caso,
me lleva a noches un poco funámbulas e insomnes que acaban en
la nevera... Pero al fin llegó el día de la partida y con él,
el derrumbe de todos mis sueños y el inicio de todas mis
sorpresas.
El paso
previo a la llegada fue una reconfortante parada en Copenhague.
Llegaba a un país que creía de hielo permanente y me encontré
con una tierra verde y viva, con un clima austero y con unas
gentes cálidas y sinceras... Como no, Groenlandia, y mas
concretamente Narsasuaq, dada su latitud, no está
permanentemente helada... en mayo se produce el deshielo de la
mayor parte de los fiordos de la zona y ello genera que sus
habitantes tengan que sustituir las motos para nieve por los
barcos...

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Sus
gentes... los mal llamados "inhuits" (puesto que inuit
quiere decir "hombre") son los descendientes de
los primeros pobladores de esta inmensa isla. Se han encontrado
restos arqueológicos de unos 4.500 años de antigüedad
coincidentes con los utensilios encontrados en Alaska, esto
demuestra que fueron los pobladores de Alaska los que
sucesivamente fueron avanzando, atravesando todo el continente
americano y las aguas heladas del mar de Davis hasta llegar a
Groenlandia... las razones de sus movimientos seguramente fueron
la búsqueda de zonas de buena caza para su sustento.
Continúa
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