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El centro de
Gran Canaria se caracteriza por la complicada y caprichosa forma
de sus montañas de origen volcánico. La erosión se deja notar
aquí más que en cualquier otra parte de la isla. Ha dibujado
barrancos y laderas con cortes radicales, estremecedores,
dejando poco espacio a los caminos y carreteras que discurren
paralelas a los cañones, abriendo paso a los mejores paisajes.
Adentrarse
en el centro de la isla es cambiar de continente. No hay ningún
indicio que permita imaginar que pocos kilómetros más allá se
encuentra el Océano Atlántico, que hay auténticos vergeles,
interminables playas, fértiles huertos... horizonte.
Las cumbres
de Gran Canaria están despobladas. A lo largo del camino se
pueden encontrar, esporádicamente, pequeños núcleos de casas
blancas, en línea con el resto de la isla, siempre fieles a los
balcones canarios hechos a base de madera tallada. En estos
pueblos no parece pasar el tiempo. Así lo demuestra la
tranquilidad de sus habitantes, el silencio de sus calles, la
grandiosidad de sus montañas.
Curvas y
más curvas conducen hasta el Roque Nublo, un capricho de
la naturaleza, símbolo de Gran Canaria, que se eleva en su
centro geográfico, muy cerca del Pico de las Nieves,
máxima altitud. Un sendero empinado conduce, tras media hora de
camino, hasta la cumbre del Roque Nublo. Entre los árboles se
distinguen, a ambos lados de la montaña, metódicos cultivos
que revelan la fertilidad de estas tierras. A medida que se
asciende, se descubren los frondosos bosques de pinos que
pueblan los valles.
Una vez
coronado el gran Roque, árido en su cumbre, sorprende,
gratamente, una vista inigualable: decenas de perfiles
montañosos y almohadas a base de nubes escoltan, tras de sí,
perdido en el horizonte, el pico más alto de España: el Teide.
Ubicada en
el fondo de una ancha caldera está asentada la población de Tejeda,
un lugar privilegiado desde el que se contempla otra
espectacular panorámica: a un lado el Roque Nublo y a otro el
Roque Bentayga. Ambos gigantes despertaban sentimientos
religiosos en los primeros pobladores, que los veneraban.
Todo Tejeda
es una muestra de la arquitectura típica de la isla. En él se
pueden adquirir productos típicos gastronómicos como mazapán,
queso, bienmesabe y otros artículos como cuchillos canarios,
cestos y sombreros hechos con palma. Sus calles peatonales,
pobladas por almendros y dragos, convergen en la iglesia.

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Si Tejeda es
el centro geográfico, Teror es el centro religioso de
Gran Canaria. Constantemente se acercan a su Basílica devotos y
turistas para contemplar a la Virgen del Pino, patrona de la
isla, cuya aparición en 1515 hizo que numerosas familias
adineradas de la época fijaran su residencia alrededor de la
ermita. La Basílica del Pino fue levantada en el siglo XVIII,
conservando la torre octogonal del anterior templo. El Palacio
Episcopal, formado por dos casonas señoriales unidas, es otro
de los atractivos de esta localidad. En Teror las calles evocan
rincones de ciudades americanas, sin olvidar las connotaciones
de la arquitectura canaria. Son muchas las casas que, en este
pueblo, dejan colgar balcones de madera labrados de forma
artesana.
La visita a
la isla no estaría completa sin subir, tras pasar por Santa
Brígida, a la caldera de Bandama, uno de los mayores
cráteres inactivos que existen en Gran Canaria. Desde un
mirador situado a 569 metros de altura se divisa, además de
este cono truncado, una panorámica del este de la isla que se
extiende desde Las Palmas hasta Arinaga. Este es un buen punto
para observar el trazado costero de la isla.
Continúa
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