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La fuerza
del mar ha dotado al norte de la isla de personalidad propia.
Los acantilados, los verdes valles y las localidades costeras,
que disponen de una importante oferta monumental y artística,
han servido de inspiración a poetas y pintores. Las tierras
norteñas son ricas y fértiles, por lo que es habitual
encontrar a lo largo del camino cultivos de plátano, aguacates
y papaya.
Imponentes
laderas, bañadas por un furioso Océano Atlántico, acogen a 32
kilómetros de Las Palmas la localidad de Agaete. Este
municipio es famoso por sus trabajos artesanos de cestería y
madera y por los sobrecogedores paisajes que le rodean. La
parroquia de la Concepción, construida en el siglo XIX sobre
las ruinas de una iglesia que databa del XVI, y la ermita de San
Sebastián son dos exponentes de la arquitectura isleña que se
pueden visitar en la zona.

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Pero, sin
duda, el mayor atractivo de esta parada es el Puerto de las
Nieves, que, emplazado a dos kilómetros de Agaete,
pertenece a esta población aunque mantiene una cierta
independencia. Las casas en el Puerto de las Nieves son bajas,
blancas y azules. Las calles torcidas y estrechas. Las gentes,
hechas a las caras extrañas, pasan prácticamente
desapercibidas. La calma, rota tan sólo por el rumor del mar,
lo inunda todo. El muelle que antaño fuera uno de los más
importantes de Gran Canaria, ahora es el punto final de un
extenso paseo marítimo a lo largo del cual el agitado
Atlántico compite con los majestuosos paisajes montañosos.
Desde el Puerto de las Nieves se disfruta de una insuperable
vista del Roque Partido, más conocido como El Dedo de Dios. En
las cumbres de estos caprichos geológicos se encuentra el pinar
de Tamadaba, que da nombre al Parque Natural que engloba toda
esta zona. Aquí se encuentra la mayor variedad de flora de toda
la isla y un manantial cuyas aguas tienen cualidades
terapéuticas.
Siguiendo la
costa, en el extremo noroccidental de Gran Canaria, aparece Punta
de Sardina, un rincón cercano al pequeño pueblo que lleva
su nombre, desde el que se intuyen las siluetas de Tenerife. El
viento, que en el norte azota con fuerza, anima al mar a romper
con el relieve abrupto de los acantilados de este lugar. Un faro
se levanta majestuoso al pie del vacío, mostrando, orgulloso,
sus franjas rojas y blancas, en una estampa pintoresca, típica,
que parece sacada de un cuento.

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Más cerca
de Las Palmas se encuentra la villa de Gáldar, un gran
centro político y de población antes de la conquista de la
isla. Merece la pena pasear por las calles de esta localidad,
que, a pesar de tener un marcado carácter comercial, mantiene
en perfecto estado las casas decimonónicas, pintadas con un
vistoso y llamativo colorido, como si no pasara el tiempo por
ellas. Destaca la Iglesia de Santiago de los Caballeros, un
templo que data del siglo XVIII y que conserva rasgos barrocos
pese a su marcado estilo neoclásico. Su exterior está
realizado a base de piedra dorada, como es conocida por
los isleños la cantería en tonos dorados. Al sur del municipio
se encuentra el Parque Natural de las Cumbres, de gran interés
ecológico y a unos tres kilómetros al oeste, el Parque Natural
de Amagro, con una singular fauna.
Entre la
desembocadura del Barranco de Gáldar y la Punta de la Guancha
se hallan los restos de un poblado de los primeros habitantes de
Gran Canaria. Es el Poblado del Agujero, junto al cual se
encuentra la necrópolis de la Guancha, un cementerio en el que
se conservan algunos de los túmulos funerarios más
significativos de la isla. Otro de los monumentos más conocidos
es Cueva Pintada.
La Riqueza
gastronómica de la Isla no pasa desapercibida. Uno de sus
máximos exponentes es el queso de flor, un producto que da fama
a Santa María de Guía. Pero en esta localidad también
es recomendable un paseo por sus calles peatonales, donde muchos
de los pequeños edificios recuerdan a algunas localidades de
Andalucía.
El
itinerario culmina, como no podría ser de otra manera, en la Playa
de las Canteras, pulmón de Las Palmas, donde el bullicio,
el estrés y los problemas cotidianos pasan a un segundo plano.
Al fondo, La isleta, unida a Gran Canaria por un hilo de tierra,
corona la playa y alberga en sus formaciones volcánicas
diversas especies de aves marinas y migratorias.
Tras
disfrutar del abundante sol de la isla y después del merecido
descanso, llega la hora de un paseo por el Puerto de la Luz,
de marcado carácter cosmopolita, antes de que caiga la noche.
Se trata de uno de los principales puertos del mundo y está
preparado para que atraquen en él grandes buques de pasajeros,
mercancías y petroleros.
Continúa
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