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Acogido
por el archipiélago canario, no lejos del Trópico de Cáncer,
se esconde un continente en miniatura. Combinaciones de verdes
valles, playas cristalinas, montañas áridas, cinturones de
dunas, relieve abrupto e imponentes laderas. Todo ello rodeado,
por un mar casi infinito, integra la Isla de Gran Canaria.
Gran
Canaria puede presumir, ante todo, de diversidad y contraste. A
ello contribuye una geografía de vértigo que tiene su origen
en diversas erupciones volcánicas, de cuya existencia quedan
muestras dispersas por la isla como las calderas de Tejeda y
Bandama. La erosión se ha ocupado de modelar el resto del
relieve insular y construir un espacio natural único. La
variedad climática, la isla goza de temperaturas primaverales
durante todo el año, permite al visitante disfrutar, en un solo
día, de un sol radiante en las playas sureñas, divisar nieve
en las cumbres más altas y pasear por los bosques del centro.
También
la mano del hombre deja entrever el contraste. Poblaciones
rurales, dispersas, escondidas entre el relieve y la
vegetación, rodeadas de un halo de misterio, invitan a la
meditación, la serenidad y el descanso. Frente a ellas, la gran
urbe: Las Palmas de Gran Canaria, donde intenso tráfico intenta
fluir al compás de un sabor a tradición que flota en el
ambiente. El puerto, las casas bajas, la playa de las Canteras,
Vegueta, la ciudad alta, la Isleta... hacen de la capital un
lugar bello y moderno que invita al visitante a pasear por sus
calles.
Una vez
visitada la capital, se pueden distinguir tres itinerarios para
conocer el resto de la isla: norte, centro-este y sur-oeste.
Estas rutas se diferencian no sólo por vías de acceso sino por
la variedad climática, paisajística y gastronómica. Todas
ellas parten de Las Palmas de Gran Canaria.
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