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Megáfono en
mano y al compás de varios gritos de guerra, el
encargado de dar la salida consigue contagiar al gran pelotón
de una intensa excitación… Casi al unísono los 3.000
corredores comienzan a chilar como si fuera parte de un ritual…
Segundos después, la marea humana enfila las calles de la
ciudad arropada por la fervorosa presencia de miles de personas
apostadas en las aceras. Es el reconocimiento de los ciudadanos
de Fujiyoshida a los corredores que salen en busca de lo más
alto. Bien saben lo que nos espera… Nosotros lo imaginamos, la
estampa del volcán la tenemos enfrente y es descomunal.
Tan solo
llevamos tres kilómetros de carrera y el elevado grado de
humedad y de bochorno consigue asfixiarme, busco las cunetas
atrapando la mínima brisa que llega de los bosques que
empezamos a atravesar. ¡Por fin!… un control de
avituallamiento (Km 7) y el agua está fresquita. Consigo
refrigerarme y surgen las buenas sensaciones, aprovecho para
tirar las primeras fotos, aquí la carretera se vuelve estrecha
y parece doblarse definitivamente hacía arriba. Comienza la
cuesta y los grandes árboles del bosque regalan sombra y
frescor.

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Muchos
espectadores esperan banderita en mano el paso de los suyos,
cualquier signo de ánimo es de agradecer, aunque sea en un
lenguaje indescifrable para los que vivimos al otro lado del
globo. Otro control de avituallamiento, agua, acuarius,
plátanos, limones, sal… Los corredores beben y se alimentan a
una velocidad que me sorprende, aprovecho mientras mastico un
plátano para tirar más fotos. Casi a empujones, como
despavoridos, cada uno se reincorpora al camino. Ahora lo
entiendo, los cierres de control amenazan y en esta zona pueden
formarse tapones por la estrechez de la vereda.
Por fin
abandonamos el asfalto. A lo largo de un umbrío camino casi
selvático, a veces escalonado, los 3.006 metros desnivel
comienzan a restarse, pronto alcanzamos la famosa Quinta
Estación, que es el acceso por carretera más alto que tiene la
montaña. La niebla no deja ver más que la silueta de los
corredores que me preceden. Nuevo control de avituallamiento,
hecho un vistazo a los tiempos de paso y a pesar de ir tirando
fotos de momento voy holgado, ya veremos más adelante….

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Tras salir
del control la cuesta se hace más pronunciada, el bosque
desaparece y el camino se retuerce entre diques construidos para
sujetar el árido terreno y evitar avalanchas. A estas alturas
me pregunto como irán las cosas en cabeza de carrera… Estoy
seguro que los kilómetros y los metros de desnivel que trae
consigo Juanma de la Sierra de Guadarrama y de Sierra Nevada,
entrenando en altura, estarán poniendo las cosas difíciles a
los japoneses. Según nos han comentado, tan solo unos pocos
somos los extranjeros que damos la nota exótica a la carrera;
algún suizo; italiano; holandés; estadounidense; canadiense;
neocelandés y nosotros dos. Sin duda, para los de fuera, los
exóticos, está resultando toda una experiencia compartir
esfuerzo rodeados de tanto japonés.
Lo cierto es que los
corredores japoneses son tipos duros y correosos, y con una
mentalidad competitiva que no deja mucho resquicio para la
derrota. Intentarán a toda costa conseguir llegar en tiempo a
meta, una meta que para muchos tiene un significado supremo,
pues estamos en el santuario natural más venerado de Japón.
“Victoria o muerte” parecen llevar algunos grabado en el
gesto… Especialmente me llaman la atención las corredoras,
muy preparadas, curtidas y en estado de concentración
permanente, su expresión lo dice todo.
Continúa
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