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¡¡¡Banzaiii... Fujiyama!!!
Por Miguel Caselles.
 
 Perfil de Vértigo
 
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© Miguel Caselles

Tras una breve escala en Amsterdam aterrizábamos con KLM en Tokio, el enorme y complicado Tokio. El primer vistazo al condensado plano de metro y de tren de la ciudad, con sus cientos de estaciones y de líneas, nos hizo comprender que el prodigio japonés imponía sus leyes y que había que espabilarse si no queríamos sucumbir, de entrada, frente a la máquina expendedora de billetes…

Finalmente llegamos a Fujiyoshida, la acogedora ciudad que descansa bajo la sombra del gran volcán. Toda actividad en torno al Fuji Yama, ya sea su ascensión o el recorrido de sus cinco lagos periféricos, alojados en características calderas volcánicas, arranca de la turística Fjujiyoshida. Fue en ese momento, al poner píe a tierra en la estación de tren, cuando la silueta del descomunal cono volcánico, levantado erupción tras erupción, nos dejó con la boca abierta…

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© Miguel Caselles

La suerte quiso que el ryokan, alojamiento típicamente japonés, que teníamos reservado, se encontrara en un tranquilo bosque a las afueras de la ciudad y que la familia que lo regentaba fuesen los mejores anfitriones que podíamos haber imaginado. Gracias a sus atenciones nuestra estancia en la ciudad tuvo momentos inolvidables.

Siete horas de diferencia horaria y otras 13 a 10.000 metros del suelo, eso sí de la mejor forma gracias a la deferencia de KLM al acomodarnos en clase business, precisaban de descanso. Y que mejor descanso que un típico baño japonés a base de piscina caliente y chorros de agua a diferente temperatura, para después, palillos en mano, degustar la magnífica cocina de nuestros anfitriones... Afortunadamente estábamos conociendo el Japón más tradicional, lejos de su virtual tecnología globalizadora.

Desde cualquier esquina de Fujiyoshida el volcán es visible y su desmedido perfil impone. Resulta evidente que sus erupciones a lo largo de la historia, han tenido que ser de una magnitud tremenda para alcanzar esa altura. Las crónicas dicen que la última erupción fue en 1707 y que le precedió un gran terremoto, si bien hay que recordar que los sismógrafos no ha parado de agitarse en estos casi 300 años. Por esa razón y por si el Fuji Yama decidiera volver a entrar en erupción, los organismos civiles tienen diseñadas rutas de evacuación en previsión de las alertas que pudiesen dar los volcanólogos que chequean el pulso del volcán.

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© Miguel Caselles

Poco parecen preocupar estas arritmias telúricas a los pobladores de su contorno y a los miles de peregrinos y excursionistas que, paso a paso, enfilan las veredas que serpentean por encima de las nubes, en busca del sol naciente japonés. Tampoco parecían preocupar las posibles convulsiones del volcán a los 3.000 participantes de la 55 edición de la Fuji Mountain Race, que apiñados en la línea de salida, en pleno centro de la ciudad de Fujiyoshida, estabamos mucho más inquietos por las largas horas de esfuerzo y duro ascenso que teníamos por delante.

Continúa


 

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