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Japón: El
país de los ojos rasgados y de las cámaras último grito; el
de los luchadores de sumo y el de las frágiles geishas; el del
microchip más pequeño y el de las cuentas de ábaco; el de los
rascacielos inteligentes y el de los templos milenarios; el de
la flor de loto y el de los pilotos kamikaze; el que sigue
cazando ballenas y el que sufrió el exterminio nuclear de
Hiroshima y de Nagasaki; el de las mil y una reverencias y el de
la ceremonia del té; el de los palillos para comer y el de la
espada samuray para saldar agravios; el de la escritura kanji y
el de los trenes bala; el de Mazinguer Zeta y el de los Pokémon…
Y el de
tantos y tantos tópicos más, como la distancia y el
aislamiento del país nipón han dejado llegar hasta nosotros.
Pero también el de una geografía prodigiosa que se extiende
largo de los 3.000 kilómetros de un estrecho archipiélago que
se asienta sobre una de las zonas tectónicamente calientes del
planeta, el Cinturón de Fuego del Pacífico. Cuya actividad
originó el hoy venerado volcán Fuji Yama, de 3.776 metros de
altitud, la máxima altura del país.
Continúa
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