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Sumario

Introducción
Biografía a pié de calle
Mercados Andinos y Ritmo Afro americano
A vista de pájaro
Boleto para un tren imposible
Mar de Clorofila
Archivo Genético
Ascensiones Clásicas
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Ecuador
El País sin sombra
Texto: Miguel Caselles. Fotos: Victoria Sánchez
 
 Mercados Andinos y Ritmo Afro americano
 
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© Victoria Sánchez

A lomos de alguno de los correosos autobuses que recorren cada recoveco del país y sin abandonar el norte, tropezamos con una orgía de colores, olores y sabores en el encantador mercado de Otavalo. En este gran bazar, todos los sábados son una fiesta para el comercio, las relaciones y el trueque. Desde tiempos preincaicos se mercadea con alimentos, animales y especialmente con las artesanías que los otavaleños trabajan tan hábilmente. Sus largas trenzas morenas, sus collares y la colorida elegancia de su vestuario, intentan mantener todavía inmune su identidad indígena frente a las nuevas tendencias exteriores.

Cerca de Otavalo, se puede realizar una gratificante caminata a pie o en bici por las tres lagunas de Mojanda, desde cuyas lomas las vistas sobre los volcanes que emergen del páramo son excelentes. Otra buena caminata es bordear el lago de San Pedro a las faldas del volcán Imbabura. Y también no menos interesante es la Laguna de Quicocha, que descansa dentro de un extinto cráter en el que se diseminan varias islas bajo la atenta mirada del volcán Cotacachi. Recordemos que en estos primeros días, cualquier actividad física en altura estará mejorando progresivamente nuestra necesaria aclimatación.

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© Victoria Sánchez

Siguiendo camino norteño llegaremos a las empedradas calles y blancos edificios de la ciudad de Ibarra, próxima a su vecina Colombia y a la que, si estamos interesados, podemos acceder a través de fronteriza Tulcan. Hasta no hace mucho tiempo, desde la estación de Ibarra partía un intrépido tren que desde el páramo andino se descolgaba hasta la misma costa norte. Se trataba de un autobús al que se le habían adaptado ruedas para rodar por raíles, el Autoferro, que se encargaba de hacer este osado viaje hasta San Lorenzo, en ocasiones, ayudado necesariamente por sus pasajeros que tenían que empujar cuando la cuesta se agarraba. Aquí, en San Lorenzo, los caminos se terminan y hay que recurrir a alguna embarcación que enlace con La Tola, en cuyas ensenadas se cobijan espectaculares manglares y ya, por vía terrestre, atravesando pequeños pueblos pescadores de trato afable, alcanzaremos las extensas playas de Esmeraldas y Atacames. Cuentan las viejas crónicas, que en estas playas encalló un barco cargado de esclavos y que consiguieron organizar en esta tierra su nueva vida en libertad. El color negro de su piel, el ritmo ritual, su cocina y las playas de cocoteros, nos trasladarán en un abrir y cerrar de ojos al África más intensa.

Si continuásemos bordeando toda la costa de Ecuador, atravesaríamos una gran llanura Tropical, a veces desértica, de interminables playas hasta llegar a la ajetreada Guayaquil (primer puerto y artería económica del país) y a la frontera peruana. A medio camino, desde Puerto López, tenemos la oportunidad de cruzar hasta la cercana Isla de la Plata, en un trayecto en el que será fácil avistar a las descomunales ballenas jorobadas, gran variedad de aves y leones marinos.

Continúa


 

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