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Sumario

Introducción
Biografía a pié de calle
Mercados Andinos y Ritmo Afro americano
A vista de pájaro
Boleto para un tren imposible
Mar de Clorofila
Archivo Genético
Ascensiones Clásicas
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Ecuador
El País sin sombra
Texto: Miguel Caselles. Fotos: Victoria Sánchez
 
 Biografía a pié de calle
 
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© Victoria Sánchez

Generalmente la puerta de entrada a Ecuador se abre por su capital Quito. Este compendio urbanístico ha ido creciendo adaptándose sobre la profundidad de un alargado valle al que rodean los definidos perfiles de varios volcanes. Parece que fueran los fieles guardianes que velan por mantener la difícil armonía entre su metrópoli antigua y la moderna. El mayor interés de Quito radica en la ciudad vieja, donde el reloj de la historia parece haberse detenido. Un paseo por sus entramadas calles entre paisanos, puestos ambulantes y la presencia constante de extraordinarias construcciones coloniales, nos trasladará irremediablemente a la trastienda de unos siglos cargados de memoria. Siglos XVI y XVII, en los que fastuosas iglesias y monasterios como los de San Francisco, La Compañía o La Merced, fueron levantados por manos de artesanos indígenas y arquitectos españoles de la época. 

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© Victoria Sánchez

Estas peculiaridades determinaron que la UNESCO declarase a Quito Patrimonio Cultural de la Humanidad para disfrute de visitantes. Para tomar buena cuenta de ello, una interesante atalaya de observación sobre toda la ciudad y su ajetreo humano es el Monte Panecillo, accesible por carretera. Pero si queremos utilizar las piernas, la fácil ascensión, aunque fatigosa, del volcán Pichincha obsequia desde sus 4.794 metros con soberbias panorámicas, además comenzaremos así a conseguir una buena aclimatación para futuros compromisos. 

Si bien, como sabréis, un violento y reciente proceso eruptivo aconseja ver al “niño” Pichincha desde la ventana del hotel. Por otro lado, y volviendo a pie de calle, sería inexcusable abandonar Quito sin antes visitar el museo de Oswaldo Guayasamín, el pintor que mejor ha reflejado el sufrimiento indígena, y del hombre oprimido por extensión. Si nuestra ruta arranca hacia el Norte, inevitablemente cruzaremos la línea equinoccial que separa los dos hemisferios, en la que al medio día la vertical del sol roba todas las sombras, saturando de luz cada recodo del país. 

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© Victoria Sánchez

Un monumento junto a otras recreaciones y una marcada raya roja pintada en el suelo, obligan a la típica foto de “latitud cero grados” con un pie en cada hemisferio. Desde lo alto del monumento de esta “Mitad del Mundo" y siguiendo esta línea hacia el Este, la vista atrapa entre fumarolas la estampa altanera y tremendamente blanca del volcán Cayambe, de 5.790 metros. Único en el planeta que comparte su cima con ambos hemisferios, y quizá más apropiado para esa foto a horcajadas, aunque sin línea roja pintada por supuesto… Esta cumbre de los Andes es una de las muchas con las que nos iremos topando a lo largo de esta geografía, pues tapizan todo el país de Norte a Sur, como parte de la dentada espina dorsal que separa la Costa del Pacífico de la jungla amazónica.

Continúa


 

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