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Sumario

Introducción
Un pequeño universo llamado Colima
Ciudad de Colima, abierta de par en par
De pueblos, fiestas y botaneros
A pleno pulmón respira el volcán
Playas de vida y de luz
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Colima
Donde fuego y mar se hacen cómplices
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez
 Ciudad de Colima, abierta de par en par
 
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© Victoria Sánchez

Para los que acabamos de llegar, la Ciudad de Colima puede ser el arranque radial que nos lleve a ser parte activa de cada uno de los caminos que conducen a unos espacios bien diferentes dentro del Estado. Si bien, antes de poner rumbo al horizonte se presta la oportunidad de conocer los interesantes recovecos urbanos y periféricos de esta acogedora urbe.

Sentados en alguna de las animadas terrazas de los restaurantes, bajo los soportales del céntrico zócalo de la ciudad, es el momento de planificar nuestro próximo recorrido utilizando el mapa la ciudad y del Estado como práctico mantel. Entre picosos platillos de sopitos, antojitos, pozole, enchiladas y tatemado, tendremos ya de frente a la Catedral y a un costado el Palacio de Gobierno resguardando a las palmeras del Jardín de la Libertad. Al ritmo del clásico son “Camino Real de Colima”, cantado y tocado por alguno de los apuestos mariachis que amenizan las tardes de feriado, nuestro dedo índice irá rastreando el plano al encuentro de antiguos edificios y templos coloniales hoy restaurados. Muchas de estas antiguas edificaciones albergan museos, teatros y estudios de pintura, muestra de un pasado y de un presente sublimes que bien merecen conocerse. Así que llegó el momento de plegar el mapa y dar impulso a los pies para hacer camino con los ojos bien abiertos y no perder detalle.

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© Victoria Sánchez

Pero, por si las fuerzas flaquean, antes de poner rumbo al conocimiento dejemos que alguno de los “tuberos” que pasean por la plaza ajardinada nos ofrezca una popular “tuba”, natural o la que lleva betabel con frutas y trocitos de cacahuete o almendra. Esta dulce bebida es elaborada a base del aguamiel que la de flor de coco destila, para ello, los tuberos colimenses, al amanecer o al atardecer, trepan por los altos troncos de palmera a cortar la flor de la que escurre la preciada miel. Además de refrescante y buen sabor, dicen, cura ciertas dolencias.

Arduo pero agradecido es el didáctico paseo que el mapa turístico de la ciudad propone, puerta tras puerta, cada visita es una muestra del acopio de enseñanzas tradicionales que los colimenses guardan y veneran. Pero no todo se atesora en nobles interiores, de irrenunciable invitación es cualquier calle ataviada con escaparates de originales artículos; o los jardines que resuenan al compás del agua de las fuentes y de la Banda de Música del Estado; o los paseos por los andadores peatonales, donde echar un ratito viendo como los pintores empapan sus lienzos de los colores de Colima. Y sin olvidar el popular mercado de la ciudad, fiel recopilación de productos autóctonos en puestos de frutas tropicales, de dulces, de café, de cerámicas, de forja, de textiles y los de inevitable parada por el aroma que despiden los platillos de tamales, de menudo sazonado con hierbabuena o de sope gordo, entre otros.

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© Victoria Sánchez

En muchos de los edificios que estamos visitando, llama la atención la ubicación de carteles bajo contrafuertes o pasillos en los que puede leerse: “En caso de sismo sitúese aquí” o “Ruta de evacuación”. Así es, la historia telúrica de Colima nos recuerda que la ciudad a veces se mueve agitada por las fuerzas que confluyen bajo su suelo, y cuya principal manifestación es la permanente actividad del coloso que preside cualquier perspectiva de la ciudad, el Volcán de Fuego. Estas sacudidas o acomodos de la corteza terrestre, hacen de Colima y sus alrededores claro ejemplo de obligada relación entre hombre y fuerzas de la naturaleza a lo largo de los tiempos, como demuestran las zonas arqueológicas localizadas en la propia ciudad. Actualmente, son los científicos los encargados de tomar el pulso a esta porción de tierra, para que colimenses y visitantes duerman a pierna suelta, sin miedo a que su cama se mueva agitada por los ronquidos del volcán.

Continúa


 

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