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Sumario

Introducción
Coimbra
Portugal en miniatura
El jardín de los amantes medievales
Las ruinas romanas más importantes del país
Jugoso lechón en Bairrada
El palacio del último rey luso
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Parada en el Centro de Portugal

Texto y Fotografías: José Luis Lago García

 
 Cochinillo en Bairrada: El jugoso Lechón
 
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© José Luis Lago

Muchas villas son conocidas únicamente por sus especialidades gastronómicas. Mealhada, a unos 17 kilómetros al norte de Coimbra, situada en el centro de la región vinícola de Bairrada, es un lugar cuyo nombre traspasa fronteras por la preparación del lechón asado. Los márgenes de la carretera general se han transformado en una sucesión de más de 30 restaurantes que sirven el cerdito asado, cuyo delicioso sabor tiene varios secretos, como el tostado realizado en hornos tradicionales de barro, en los que solamente se emplea leña de vid o eucalipto.

Nada más llegar a Mealhada desde Coimbra, en una rotonda de la carretera general, ya se recibe al viajero con una pequeña escultura de un cerdito situada en una alta columna. Más adelante, en el centro del pueblo, junto a una pequeña fuente de agua pública, aparecen dos enormes paneles de azulejos típicos portugueses en los que se representan los dos símbolos de la zona: un hombre asando un lechón en un horno tradicional y el Palacio de Bussaco. Un edificio cuya admiración arquitectónica y simbolismo en la historia de esta nación, lleva hasta esta zona a miles de viajeros.

Si en nuestro país hay sitios como Segovia o Arévalo que reciben la visita de anhelosas personas que llegan para comer el cochinillo, en Portugal se sitúa aquí la meta de los entusiastas de este manjar.


Parada en la carretera general

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© José Luis Lago

La costumbre de servir lechones asados en los bares comenzó en los años 40 del siglo XX. Mealhada, situada en la carretera general Lisboa-Oporto, se convirtió en un sitio intermedio en el que paraban a comer automovilistas o viajantes, aunque la tradición de comer lechón ya estaba arraigada en la comarca desde sus ancestros.

Actualmente, la autopista paralela a la carretera, hace que muchos viajeros pasen de largo por este sitio, pero no son pocos los que salen momentáneamente de su recorrido de la vía de pago para degustar esta exquisitez. Igualmente, no son pocos los que aprovechan su visita al Palacio de Bussaco, o su paso por las conocidas termas de Luso, para detenerse a comer en la capital del cerdito, ya que en este pueblo se coge el desvío de la carretera comarcal que lleva en escasos 10 kilómetros hacia este admirado monumento del país.

Nosotros no podíamos resistirnos a este sustento y también realizamos una parada para probar y conocer más sobre este plato. Por la carretera, a ambos lados, aparecen restaurantes por todos los rincones con el cartel de “leitao a brassa”. Los hay más lujosos y modestos, aquí, como en todos los lugares, habrá que pagar según la calidad del local y el servicio.

Puestos a escoger, fuimos al de más prestigio: Pedro dos Leitaos, cuyas vitrinas están repletas de premios internacionales. Aquí se preparan diariamente entre 40 a 100 lechones, según la concurrencia. Dos características de los lechones, que no superen los 10 kilos de peso y una edad nunca superior al mes de vida. Nos comentaron que en algunos días de fiesta, y los fines de semana, se llegaban a preparar unas 500 raciones, pero no todas servidas en el comedor, ya que algunas personas también se llevan platos en papel de aluminio (como en España con el pollo asado) para casa o comer en merenderos.


Hornos de barro y leña

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© José Luis Lago

Nos enseñaron los hornos donde se preparan los cochinillos, en cuya enorme sala el calor es agobiante, y en los que también se prepara el pan al estilo tradicional. Aquí, en el motor del restaurante, hay dos de los secretos principales que influyen en el buen sabor del mejor lechón: utilizar madera de eucalipto o vid, nada de brasas vegetales, y, sobre todo, asar los cerditos en hornos de barro construidos al modo tradicional, como se hacía en las antiguas casas de labranza.

Un calentamiento de una media hora, antes de introducir a los lechones y, un tiempo de asado de dos horas, le esperan a los tres cerditos que se meten en cada uno de los hornos. Es muy importante que el operario dé una vuelta cada media hora, para que esté igual de tostado por todos lados.

En el restaurante nos comentan que los lechones servidos en España tienen menos semanas de vida y peso que los de Bairrada. Para conseguir el máximo de jugosidad de la carne es decisivo que el lechoncito solamente ha sido alimentado con leche de la madre y que fuera sacrificado el día anterior, nada de piezas congeladas que desvirtuarían sabor en el paladar.

Entre los ingredientes que componen la receta de esta especialidad no falta la pimienta, sal, abundante ajo y la manteca de cerdo. Con todos estos condimentos se hace una masa con la que se empapa el lechón antes del asado.


Vinos de la región

De la cocina a la mesa. Las raciones que se sirven son de unos 350 gramos y se acompañan con patatas fritas y ensalada. En la copa, nada mejor que ir bajando la suave carne con los típicos vinos blancos, castas Maria Gomes y Bical, o tintos, casta Baga, de la región, con denominación de Bairrada, que son cavas, como nuestros vinos espumosos del Penedès, (parecidos a los Codorniu o Freixenet) pero quizás mucho menos burbujeantes, lo que permite que estos caldos vayan entrando suavemente. Estos caldos resultan infalibles para aliviar algunos excesos de pimienta. Cada ración de lechón sale por unos 10 euros en Pedro dos Leitaos, por lo que un precio medio por persona, contando con un primero, pan y vino, aproximadamente oscilaría entre 15 a 20 euros, pero hay muchos restaurantes donde escoger por la zona.

Continúa


 

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