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La pasión amorosa entre
el príncipe Pedro y la cortesana española Inés de Castro fue
tan intensa y remató con un desenlace tan trágico, que ha
inspirado las más dispares historias medievales. Te vamos a
contar este apasionante episodio y te llevamos hasta sus
escenarios en Coimbra, donde el príncipe y la atractiva hidalga
vivieron sus capítulos más fulgurantes de pasión. En los
jardines del hotel Quinta das Lágrimas se conserva la fuente en
cuyas inmediaciones fue asesinada Inés, por orden del rey, y en
la que curiosamente, las piedras del riachuelo son de color
rojo. Para algunos, es la sangre de la dama gallega que perdura
tras este atroz crimen.
Hay episodios verídicos que
marcan la literatura o los mejores capítulos históricos de un
país, por ejemplo Juana de Arco o los amantes de Teruel. La
historia que te vamos a contar es tan apasionante, que forma
parte inseparable de las lecciones escolares de historia del
país vecino.
Muchos portugueses visitan
los escenarios reales de Coimbra o las magníficas tumbas de los
amantes, en el precioso monasterio de Alcobaça, -situado a unos
60 kilómetros al sur de Coimbra-, para revivir capítulos de
esta historia tan verídica... como trágica.
Retrocedamos al siglo XIV.
El príncipe Pedro era el heredero del trono de su padre, el rey
Alfonso IV. Coimbra era el lugar de residencia de la familia
Real, ya que entonces la ciudad del Mondego era la capital del
país. El infante Pedro ya estaba casado con la princesa doña
Constanza, lógicamente la futura reina de Portugal. Constanza,
además, estaba emparentada con Inés de Castro, eran primas.
La cortesana española,
protagonista principal de la historia, era una hidalga gallega
de gran linaje, ya que era hija bastarda de Pedro Fernández de
Castro, uno de los mayores Caballeros de España.
Amor a primera vista
Inés de Castro llegó a
Portugal para formar parte del séquito la princesa Constanza,
que como ya te hemos dicho era su prima. A su llegada, nada más
verla, el príncipe quedó prendado de la belleza de la
española. Quizá, ante sus asombrados ojos, apareció el
verdadero amor de su vida, ya que en aquellos tiempos se
negociaban los noviazgos entre los padres y el matrimonio del
príncipe no dejaba de ser un amaño, una imposición paterna
sin amor por medio.
Un hecho inesperado
permitió que se desatase el amor entre el príncipe Pedro y la
cortesana Inés. La princesa Constanza murió en el parto de su
cuarto hijo y los enamorados ya eran libres para dar fruto a su
pasión.
Nos quedamos en la muerte de
Constanza y proseguiremos con la historia párrafos más
adelante, ya que en estas líneas vamos a entrar en los jardines
en los que se amaron nuestros protagonistas.
Acceso al jardín del amor prohibido
Volvemos de la Edad Media al
año 2003, fecha de nuestra visita por Coimbra. En la otra
orilla de la ciudad, a escasos 200 metros del Portugal de los
Pequeñitos se yergue el hotel Quinta das Lágrimas,
sin duda el más lujoso de la ciudad. Aparte de la arquitectura
barroca de este palacete, este lujoso hospedaje destaca por su
frondoso jardín particular y campo de golf, que lo convierten
uno de los alojamientos más divinos del país.
Hospedarse en este
establecimiento es todo un lujo selecto, pero no nos dirigimos a
sus habitaciones, sino a sus jardines privados, que se pueden
visitar por cualquier turista, previo pago de 0.75 céntimos en
la recepción. Con esta excusa, de pagar este acceso a los
jardines, se puede ver la entrada de este hotel con encanto, con
sus muebles antiguos y la decoración solemne que rodean al hall,
uno de los establecimientos más románticos del país.
Tras pagar el acceso,
entramos en el jardín y parece que dejamos la gran ciudad para
adentrarnos en un vergel repleto de plantas exóticas y remotas.
Llama la atención la extensa plantación de bambúes chinos,
cuyas cañas alcanzan varios metros.
Otra sorpresa es el
impresionante y anciano pino de la isla de Norfolk, que dicen
que tiene varios siglos de vida. Sus enormes y gruesas raíces
se retuercen hacia el exterior, creando figuras enroscadas, que
transmiten formas misteriosas propias de los bosques encantados,
fíjate en este increíble ejemplar en la foto de este
reportaje.
El jardín de este hotel es
todo un museo vegetal que impregna de paz y naturaleza a este
rincón ubicado en plena urbe, no digamos para los que pueden
permitirse el placer de hospedarse en el hotel y pasear entre
horas por él.
Detrás del gigantesco
árbol, aparece la Fuente de los Amores, lugar donde se
vivieron episodios de pasión entre los amantes medievales. Aún
se conserva el caño de agua que sigue canalizando el agua de la
fuente. Desde este lugar, el príncipe mandaba mensajes de amor
a su amada Inés en barquitas de madera, cuyo débil cauce
hacía llegar lentamente los pergaminos impregnados de frases
cariñosas hasta el cercano monasterio de Santa Clara, donde
vivía Inés, situado a escasos 500 metros de esta fuente.
Sangre sobre las piedras de la fuente
Por este vergel de la Quinta
no solo hubo amor y pasión entre los amantes, sino también la
tragedia. Sólo cincuenta metros distan de este lugar de
encuentros amorosos con otra fuente, la Fonte das Lágrimas,
lugar donde Inés de Castro fue asesinada por tres emisarios del
monarca, ante los ojos cómplices del propio Rey, que en persona
asistió a este cobarde crimen.
No te pienses que los
homicidas eran pendencieros delincuentes, procedían de noble
linaje y acaudaladas familias. El monarca, aún sabiendo de la
pasión de su hijo con su amante, se vio muy presionado por sus
consejeros. Creían que la gallega ejercía una mala influencia
en el príncipe y que los hijos bastardos de Inés, engendrados
con el príncipe Pedro, ponían en peligro la corona y a los
legítimos herederos, los hijos huérfanos de Constanza.
Junto a la Fuente de las
Lágrimas, un poema escrito en piedra recuerda esta
historia, en el mismo escenario del cruel acto. Las piedras de
los alrededores de la fuente, que se vislumbran bajo las
cristalinas aguas dulces, son de color rojizo. ¿Casualidad?,
¿Incrustadas para perpetuar la leyenda? Para algunos, estas
rocas granates son la sangre de Inés que brota, que pide
justicia por una muerte injusta, por ser ajusticiada sin causa,
simplemente por vivir un amor intenso.
Conociendo la historia hay
que elevar un poco la imaginación, la lógica nos dice que este
color rojo no deja de ser un fenómeno natural, un musgo de esta
tonalidad, pero resulta cuando menos curiosa y turbadora esta
coincidencia. Sea por lo que sea, ante nuestros ojos esta
casualidad nos hará imaginar o revivir el trágico suceso que
ocurrió en estas mismas piedras.
En mi paseo por los
jardines, le estaba comentando a mi mujer esta historia, que ya
conocía de otro viaje a Portugal, cuando visité Alcobaça, - a
menos de cien kilómetros de Coimbra-, donde están las tumbas
de Pedro e Inés. Le exponía el pasaje detalladamente, ya que
también me había documentado para preparar este reportaje. La
verdad es que se la estaba explicando con un poco de pasión,
aunque quede cursi decirlo. Me emocionaba el revivir este
episodio histórico que me parece impactante, y gesticulaba en
mi descripción al recorrer los escenarios verídicos que había
leído en papel.
Sin darme cuenta, y en la
soledad de un bosque en el que solamente estábamos nosotros, mi
hija de 5 años escuchaba muy atentamente los trágicos hechos,
quizás escuchando una historia inapropiada para su edad.
Cuándo acabé, como si estuviese esperando a que lo hiciese,
ante mi sorpresa, mi niña me empezó a hacer preguntas sobre la
historia ¿y dónde fue asesinada?, ¿Y la sangre es de verdad?,
¿Y los barquitos de madera?, ¿Y se daban besos?,¿Dónde
están enterrados?... en su inocencia infantil, y ante mi
desconcierto de que me atendiera tan atentamente, me di cuenta
que es una historia tan universal como apasionante, incluso para
una persona tan menuda.
Tanto mi mujer, como mi
hija, habían quedado impresionadas con una historia que no
conocían, lógicamente reforzada por estar recorrer sus
escenarios reales. Lamentablemente, no hay ningún guía en el
propio parque que cuente los hechos a los visitantes, pero si
has llegado a leer hasta aquí, es porque te interesa este
episodio, por lo que no olvides imprimirte este texto cuando
viajes a Coimbra, ya que la mayoría de la información sobre
este tema está en portugués o de modo muy esquemático en las
guías.
Coronación de un esqueleto
Volvemos a los hechos. Nos
quedamos en el episodio del crimen, que ocurrió en este jardín
de la Quinta. Como en una novela, viene el desenlace con
sorpresas. Un príncipe furioso, pero impotente ante el poder de
su propio padre, tuvo que esperar a que muriese su patriarca, el
rey, para poder vengar la muerte de su amada. Únicamente siendo
rey podía programar su destino y el de los traidores.
Cuando llegó al trono,
capturó a dos de los tres asesinos, ya que el otro huyó para
evitar la ira del nuevo monarca. A los dos prisioneros, no dudó
en condenarlos a muerte, pero no se conformó simplemente con
quitarles la vida, sino que les mandó arrancar el corazón en
vivo, uno de los traidores se le extirpó por el pecho y al otro
por las costillas.
Nombró nueva reina a la
difunta Inés, diciendo que se había casado hacía años en
secreto, cosa que era discutible por la oposición que tuvo esta
relación, pero que no deja de ser un acto de homenaje a la
mujer que amó, en contra de todos los que le rodeaban.
Desenterraron el cadáver y
se engalanó el esqueleto con el ropaje y las joyas propias de
la reina, obligando a todos los nobles a besar los huesos de su
mano como señal de respeto real, en un cortejo fúnebre propio
de una soberana.
En el monasterio de
Alcobaça mandó construir dos impresionantes tumbas barrocas,
decoradas con artísticas esculturas, para reposar juntos y
vivir en otro mundo su pasión, hasta la ansiada resurrección
de sus cuerpos.
Ahora que conoces la
historia, es más fácil que en tu paseo por los jardines de la Quinta
das Lágrimas revivas en tu imaginación estas apasionantes
escenas y te imagines a la bella Inés besando al príncipe
entre los arbustos, aunque también, entre estas espesuras, tuvo
lugar su sangriento final.
Incluso para los más
escépticos, cuando la niebla del río Mondego flota entre los
árboles de la Quinta, parece que reviven los espíritus
de los amantes, paseando por este vergel en el que vivieron un
apasionado romance.
Continúa
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