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Sumario

Introducción
Coimbra
Portugal en miniatura
El jardín de los amantes medievales
Las ruinas romanas más importantes del país
Jugoso lechón en Bairrada
El palacio del último rey luso
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Parada en el Centro de Portugal

Texto y Fotografías: José Luis Lago García

 
 Historia de Inés de Castro:
 Amores, pasiones y traiciones en la corona de Portugal
 
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© José Luis Lago

La pasión amorosa entre el príncipe Pedro y la cortesana española Inés de Castro fue tan intensa y remató con un desenlace tan trágico, que ha inspirado las más dispares historias medievales. Te vamos a contar este apasionante episodio y te llevamos hasta sus escenarios en Coimbra, donde el príncipe y la atractiva hidalga vivieron sus capítulos más fulgurantes de pasión. En los jardines del hotel Quinta das Lágrimas se conserva la fuente en cuyas inmediaciones fue asesinada Inés, por orden del rey, y en la que curiosamente, las piedras del riachuelo son de color rojo. Para algunos, es la sangre de la dama gallega que perdura tras este atroz crimen.

Hay episodios verídicos que marcan la literatura o los mejores capítulos históricos de un país, por ejemplo Juana de Arco o los amantes de Teruel. La historia que te vamos a contar es tan apasionante, que forma parte inseparable de las lecciones escolares de historia del país vecino.

Muchos portugueses visitan los escenarios reales de Coimbra o las magníficas tumbas de los amantes, en el precioso monasterio de Alcobaça, -situado a unos 60 kilómetros al sur de Coimbra-, para revivir capítulos de esta historia tan verídica... como trágica.

Retrocedamos al siglo XIV. El príncipe Pedro era el heredero del trono de su padre, el rey Alfonso IV. Coimbra era el lugar de residencia de la familia Real, ya que entonces la ciudad del Mondego era la capital del país. El infante Pedro ya estaba casado con la princesa doña Constanza, lógicamente la futura reina de Portugal. Constanza, además, estaba emparentada con Inés de Castro, eran primas.

La cortesana española, protagonista principal de la historia, era una hidalga gallega de gran linaje, ya que era hija bastarda de Pedro Fernández de Castro, uno de los mayores Caballeros de España.

 

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© José Luis Lago

Amor a primera vista

Inés de Castro llegó a Portugal para formar parte del séquito la princesa Constanza, que como ya te hemos dicho era su prima. A su llegada, nada más verla, el príncipe quedó prendado de la belleza de la española. Quizá, ante sus asombrados ojos, apareció el verdadero amor de su vida, ya que en aquellos tiempos se negociaban los noviazgos entre los padres y el matrimonio del príncipe no dejaba de ser un amaño, una imposición paterna sin amor por medio.

Un hecho inesperado permitió que se desatase el amor entre el príncipe Pedro y la cortesana Inés. La princesa Constanza murió en el parto de su cuarto hijo y los enamorados ya eran libres para dar fruto a su pasión.

Nos quedamos en la muerte de Constanza y proseguiremos con la historia párrafos más adelante, ya que en estas líneas vamos a entrar en los jardines en los que se amaron nuestros protagonistas.


Acceso al jardín del amor prohibido

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© José Luis Lago

Volvemos de la Edad Media al año 2003, fecha de nuestra visita por Coimbra. En la otra orilla de la ciudad, a escasos 200 metros del Portugal de los Pequeñitos se yergue el hotel Quinta das Lágrimas, sin duda el más lujoso de la ciudad. Aparte de la arquitectura barroca de este palacete, este lujoso hospedaje destaca por su frondoso jardín particular y campo de golf, que lo convierten uno de los alojamientos más divinos del país.

Hospedarse en este establecimiento es todo un lujo selecto, pero no nos dirigimos a sus habitaciones, sino a sus jardines privados, que se pueden visitar por cualquier turista, previo pago de 0.75 céntimos en la recepción. Con esta excusa, de pagar este acceso a los jardines, se puede ver la entrada de este hotel con encanto, con sus muebles antiguos y la decoración solemne que rodean al hall, uno de los establecimientos más románticos del país.

Tras pagar el acceso, entramos en el jardín y parece que dejamos la gran ciudad para adentrarnos en un vergel repleto de plantas exóticas y remotas. Llama la atención la extensa plantación de bambúes chinos, cuyas cañas alcanzan varios metros.

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© José Luis Lago

Otra sorpresa es el impresionante y anciano pino de la isla de Norfolk, que dicen que tiene varios siglos de vida. Sus enormes y gruesas raíces se retuercen hacia el exterior, creando figuras enroscadas, que transmiten formas misteriosas propias de los bosques encantados, fíjate en este increíble ejemplar en la foto de este reportaje.

El jardín de este hotel es todo un museo vegetal que impregna de paz y naturaleza a este rincón ubicado en plena urbe, no digamos para los que pueden permitirse el placer de hospedarse en el hotel y pasear entre horas por él.

Detrás del gigantesco árbol, aparece la Fuente de los Amores, lugar donde se vivieron episodios de pasión entre los amantes medievales. Aún se conserva el caño de agua que sigue canalizando el agua de la fuente. Desde este lugar, el príncipe mandaba mensajes de amor a su amada Inés en barquitas de madera, cuyo débil cauce hacía llegar lentamente los pergaminos impregnados de frases cariñosas hasta el cercano monasterio de Santa Clara, donde vivía Inés, situado a escasos 500 metros de esta fuente.


Sangre sobre las piedras de la fuente

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© José Luis Lago

Por este vergel de la Quinta no solo hubo amor y pasión entre los amantes, sino también la tragedia. Sólo cincuenta metros distan de este lugar de encuentros amorosos con otra fuente, la Fonte das Lágrimas, lugar donde Inés de Castro fue asesinada por tres emisarios del monarca, ante los ojos cómplices del propio Rey, que en persona asistió a este cobarde crimen.

No te pienses que los homicidas eran pendencieros delincuentes, procedían de noble linaje y acaudaladas familias. El monarca, aún sabiendo de la pasión de su hijo con su amante, se vio muy presionado por sus consejeros. Creían que la gallega ejercía una mala influencia en el príncipe y que los hijos bastardos de Inés, engendrados con el príncipe Pedro, ponían en peligro la corona y a los legítimos herederos, los hijos huérfanos de Constanza.

Junto a la Fuente de las Lágrimas, un poema escrito en piedra recuerda esta historia, en el mismo escenario del cruel acto. Las piedras de los alrededores de la fuente, que se vislumbran bajo las cristalinas aguas dulces, son de color rojizo. ¿Casualidad?, ¿Incrustadas para perpetuar la leyenda? Para algunos, estas rocas granates son la sangre de Inés que brota, que pide justicia por una muerte injusta, por ser ajusticiada sin causa, simplemente por vivir un amor intenso.

Conociendo la historia hay que elevar un poco la imaginación, la lógica nos dice que este color rojo no deja de ser un fenómeno natural, un musgo de esta tonalidad, pero resulta cuando menos curiosa y turbadora esta coincidencia. Sea por lo que sea, ante nuestros ojos esta casualidad nos hará imaginar o revivir el trágico suceso que ocurrió en estas mismas piedras.

En mi paseo por los jardines, le estaba comentando a mi mujer esta historia, que ya conocía de otro viaje a Portugal, cuando visité Alcobaça, - a menos de cien kilómetros de Coimbra-, donde están las tumbas de Pedro e Inés. Le exponía el pasaje detalladamente, ya que también me había documentado para preparar este reportaje. La verdad es que se la estaba explicando con un poco de pasión, aunque quede cursi decirlo. Me emocionaba el revivir este episodio histórico que me parece impactante, y gesticulaba en mi descripción al recorrer los escenarios verídicos que había leído en papel.

Sin darme cuenta, y en la soledad de un bosque en el que solamente estábamos nosotros, mi hija de 5 años escuchaba muy atentamente los trágicos hechos, quizás escuchando una historia inapropiada para su edad. Cuándo acabé, como si estuviese esperando a que lo hiciese, ante mi sorpresa, mi niña me empezó a hacer preguntas sobre la historia ¿y dónde fue asesinada?, ¿Y la sangre es de verdad?, ¿Y los barquitos de madera?, ¿Y se daban besos?,¿Dónde están enterrados?... en su inocencia infantil, y ante mi desconcierto de que me atendiera tan atentamente, me di cuenta que es una historia tan universal como apasionante, incluso para una persona tan menuda.

Tanto mi mujer, como mi hija, habían quedado impresionadas con una historia que no conocían, lógicamente reforzada por estar recorrer sus escenarios reales. Lamentablemente, no hay ningún guía en el propio parque que cuente los hechos a los visitantes, pero si has llegado a leer hasta aquí, es porque te interesa este episodio, por lo que no olvides imprimirte este texto cuando viajes a Coimbra, ya que la mayoría de la información sobre este tema está en portugués o de modo muy esquemático en las guías.


Coronación de un esqueleto

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© José Luis Lago

Volvemos a los hechos. Nos quedamos en el episodio del crimen, que ocurrió en este jardín de la Quinta. Como en una novela, viene el desenlace con sorpresas. Un príncipe furioso, pero impotente ante el poder de su propio padre, tuvo que esperar a que muriese su patriarca, el rey, para poder vengar la muerte de su amada. Únicamente siendo rey podía programar su destino y el de los traidores.

Cuando llegó al trono, capturó a dos de los tres asesinos, ya que el otro huyó para evitar la ira del nuevo monarca. A los dos prisioneros, no dudó en condenarlos a muerte, pero no se conformó simplemente con quitarles la vida, sino que les mandó arrancar el corazón en vivo, uno de los traidores se le extirpó por el pecho y al otro por las costillas.

Nombró nueva reina a la difunta Inés, diciendo que se había casado hacía años en secreto, cosa que era discutible por la oposición que tuvo esta relación, pero que no deja de ser un acto de homenaje a la mujer que amó, en contra de todos los que le rodeaban.

Desenterraron el cadáver y se engalanó el esqueleto con el ropaje y las joyas propias de la reina, obligando a todos los nobles a besar los huesos de su mano como señal de respeto real, en un cortejo fúnebre propio de una soberana.

En el monasterio de Alcobaça mandó construir dos impresionantes tumbas barrocas, decoradas con artísticas esculturas, para reposar juntos y vivir en otro mundo su pasión, hasta la ansiada resurrección de sus cuerpos.

Ahora que conoces la historia, es más fácil que en tu paseo por los jardines de la Quinta das Lágrimas revivas en tu imaginación estas apasionantes escenas y te imagines a la bella Inés besando al príncipe entre los arbustos, aunque también, entre estas espesuras, tuvo lugar su sangriento final.

Incluso para los más escépticos, cuando la niebla del río Mondego flota entre los árboles de la Quinta, parece que reviven los espíritus de los amantes, paseando por este vergel en el que vivieron un apasionado romance.

Continúa


 

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