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Sumario

Introducción
Coimbra
Portugal en miniatura
El jardín de los amantes medievales
Las ruinas romanas más importantes del país
Jugoso lechón en Bairrada
El palacio del último rey luso
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Parada en el Centro de Portugal

Texto y Fotografías: José Luis Lago García

 
 Portugal de los Pequeñitos: 
 Todo Portugal en Miniatura
 
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© José Luis Lago

Una de las visitas inevitables y más concurrida de Coimbra es el famoso Portugal de los Pequeñitos. Con un fin educativo, el parque es una recreación en miniatura de los monumentos más importantes del país, así como de las casas típicas de las zonas rurales. Seguro que también te impresionará el gran dominio que tuvo Portugal por todo el mundo, contemplando la muestra etnográfica de las viejas colonias del poderoso imperio luso. Pero el parque, aparte de sus reproducciones, tiene un protagonista principal: los niños, que corretean sin cesar en un mundo adaptado a su tamaño, olvidando la función educativa del recinto, para revivir ilusiones y fantasías propias de los cuentos infantiles.

Al entrar en la ciudad de Coimbra se notan más carteles que indican el camino al Portugal de los Pequeñitos, que a la zona antigua. Y es que miles de portugueses y turistas de todo el mundo llegan a esta ciudad con un único propósito: visitar este parque y disfrutar de sus reproducciones. Mientras los mayores repasan la historia del país, los pequeños gozan sin descanso de este universo en miniatura.

Si realizas esta ruta con niños y pasas por Coimbra, no deberías de privarlos de disfrutar de este famoso parque, para que se deleiten de un mundo de escaleras diminutas y ventanitas reducidas en las que asomarse. Un universo liliputiense, en el que los mayores solamente podemos ver desde el exterior como se regocijan, ya que nuestro crecido cuerpo nos impide introducirnos en sus reducidas dependencias.


Aprender jugando

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© José Luis Lago

No es un parque temático cualquiera, la filosofía de este centro es educar jugando, que los niños portugueses conozcan más sobre su país divirtiéndose y de manera jovial. Mientras, los mayores, podemos aprovechar para conocer otros sitios del país vecino -quizás un anticipo de lo que seguiremos visitando en nuestro viaje-, un museo cuya filosofía recuerda en parte al famoso Pueblo Español de Barcelona.

Concebido como un parque lúdico, con función pedagógica, la idea y promoción de este entretenido museo educativo se debió al empeño del notable profesor Bissaya Barreto. Las primeras obras del Portugal de los Pequeñitos comenzaron en 1938 e, inicialmente, lo constituía un conjunto de casas regionales. En el diseño participaron importantes arquitectos que, durante más de 12 años, fueron añadiendo sucesivamente más réplicas miniaturizadas de monumentos del país. Sin duda, el parque no se puede desligar de la figura del Dr. Barreto, médico, profesor, político y sobre todo filántropo, que fomentó todo tipo de obras sociales en su fundación.


La gesta colonial de un gran imperio

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© José Luis Lago

Entramos al parque, cuya vistosa fachada la compone un castillo, en la que dos estatuas de pajes, que parecen sacadas de una película de Walt Disney, soplan por una larguísima cornetilla. Un frontal que ya avisa del universo infantil que se presenta en su interior. El primer sector está dedicado a los países colonizados por Portugal, territorios distantes que estuvieron bajo control del país luso durante siglos.

Como extranjeros, que no conocemos la historia del país vecino (a menudo no sabemos ni la nuestra propia) seguramente quedaremos impresionados por la cantidad de países dominados por los portugueses en todos los rincones del mundo. Un país destacó sobre todo en la historia de esta colonización, el gigantesco Brasil.

Se reparten varios pabellones temáticos, uno por nación. Pequeños edificios cuya arquitectura representa los diseños típicos del país. Unos carteles explican los trazos de la historia de cada lugar, el nombre de los colonizadores, la fecha del descubrimiento, -normalmente a finales del siglo XV-, y la data de la independencia de muchos de ellos, que sorprende por la proximidad a nuestros tiempos, ya que gran parte de ellos se liberaron sobre 1975.

Cada pabellón muestra piezas y utensilios que conforman el modo de vida y la historia del país. De este modo se asiste a un pequeño mini museo de cada lugar, la mayoría de éstos situados en lugares exóticos y remotos. Posiblemente, en muchos de estos pabellones se muestren retazos de estos pueblos difícilmente visibles en otros museos.


El sueño africano

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© José Luis Lago

Tras ver la muestra de pintorescos vestigios antropológicos de países africanos, no será difícil recordar películas de safaris o viñetas de las aventuras de Tintín. De países como Cabo Verde, Angola o Mozambique, se exponen escudos, lanzas, armas, artesanía, cesterías, figuras religiosas, instrumentos de música... todo un paseo por un mundo africano que nos hace imaginar con tribus desperdigadas por el amplio continente y ceremonias religiosas entre cánticos rituales, danzarines en frenesí rodeando a un gran fuego.

No solamente se gobernó el continente negro. También otros lugares lejanos como la India tienen su apartado. Incluso, los veleros lusos llegaron hasta el extremo oriente, concretamente a Macao, en cuyo pabellón hay escenas en miniatura con fiestas populares, donde docenas de personas movían grandes dragones de tela y vestían vistosos trajes mandarines.

Para situarse mejor, y hacerse una idea de tantos y dispares territorios, hay que detenerse ante un gran mapamundi, en forma de mural informativo, que nos aclara los lugares dominados por los portugueses y las enormes distancias que tenían que superar las carabelas a velas y sus intrépidos navegantes.

De este gran imperio de ultramar, actualmente, el Gobierno de Portugal solamente administra las islas Atlánticas de Azores y Madeira, que también tienen una representación con construcciones típicas.


Visita a un país en miniatura

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© José Luis Lago

Otra sección del parque, si no la más importante, es la dedicada a los grandes monumentos del país, que se exponen al aire libre. Si has visitado Lisboa, verás reproducciones de los lugares más concurridos por los turistas como el castillo de San Jorge, Teatro Nacional, Arco de Augusta, la fastuosa Torre de Belém, la Sé, - catedral vieja de Lisboa -, o el monasterio de los Jerónimos.

Posiblemente otros lugares no los hayas visitado, incluso puede tu visita a los Pequeñitos coincida con tu primera visita al país. Te vamos a dar un secreto para que consigas ver la verdadera dimensión y valor de este parque. Coimbra también tiene su apartado, sobre todo con la sección en la que se reproduce el famoso patio de la Universidad, que también está fielmente miniaturizado en este museo.

Antes de entrar en los Pequeñitos acércate a esta plaza de la Universidad, en la parte alta de la ciudad de Coimbra, donde se levanta la famosa Torre del Reloj. Después, tras la visita a las dependencias históricas de las facultades, ya puedes entrar en los Pequeñitos y contrastar esta reproducción reducida en el parque.

Quedarás embaucado por la frescura del recuerdo inmediato de un sitio que acabas de ver y poder compararlo en dos dimensiones distintas. Entre las fotos de este reportaje te mostramos una comparativa con estos dos lugares, el original y la reproducción del museo.


Casitas de cuento

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© José Luis Lago

Sobre todo, el asombro y desconcierto de los niños viene cuando llegan a la sección de casitas típicas de Portugal. Cada región o zona tiene una vivienda o templo religioso característico de la comarca. En los Pequeñitos todo tiene otra dimensión: escaleras diminutas o puertas imposibles de superar para los mayores de 12 años.

Nuestros chiquillos, disfrutan introduciéndose en un mundo adaptado para los de menor altura de un metro y veinte centímetros. Por unas horas, se sienten protagonistas de una fantasía hecha realidad, un mundo que no habían sentido y que creían que solamente existía en los cuentos o en la pantalla de la televisión.

Grupos de niños, colegios enteros, corretean con frenesí por las casitas, suben, bajan, vuelven a subir, escalan por las barandillas... cada chiquito procura no perderse ni una sola de estas moradas de mentira que les hace apreciar por unas horas que, por fin, el mundo está al revés, que el universo de los pequeñitos existe.

Otra sección donde los niños se lo pasan en grande es en un pequeño corral en el que se pueden acercar, incluso acariciar, a animales de carne y hueso, propios del mundo rural, como cerdos, cabras o patos... una granja, también en miniatura, que entusiasma a los niños urbanitas.

Desde el exterior de una iglesia en miniatura, este viajero escucha una especie de coro, unas dulces e inocentes voces infantiles que tararean un “Padre Nuestro” en portugués. Asombrado, abro la puerta, y un grupo de niñas, que no sobrepasaban de los 8 años, estaban sentadas en los banquitos mientras una de ellas, asume el papel de oficiante. He roto su intimidad, o quizás su inocente juego y todas las niñas, al ver la cara de perplejidad del extranjero, se ponen a reír desenfrenadamente.


Museos de los Pequeñitos

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© José Luis Lago

Dentro del parque, aparte de las reproducciones arquitectónicas, la visita se complementa la visita con otro tipo de salas educativas. Unos museos curiosos como el apartado del traje, donde se exponen pequeñas muñecas vestidas con ropajes históricos de distintas épocas y personajes relevantes en la humanidad. Una ocasión para enseñar a los niños sobre episodios históricos que marcaron el pulso del tiempo.

En otra sala, hay un apartado dedicado a la marina, con maquetas de barcos y utensilios utilizados en la navegación. Por último, otro museo en el que se exponen mobiliarios antiguos, también en miniatura.


¿Pequeñitos a la española?

Los Pequeñitos demuestra que para divertirse no hacen falta grandes parques con inverosímiles y vertiginosas atracciones. Un concepto sencillo, pero práctico: enseñar divirtiendo, aprender disfrutando, y conocer un país, en este caso Portugal, para sumergirse por su dilatada historia y acariciar en un instante sus bellos monumentos.

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© José Luis Lago

Espero que algún responsable, gobernante, alcalde, o quién sea, lea este artículo y tome nota de los portugueses. ¡Que bonito sería que alguien construyera un parque semejante, con nuestra historia y monumentos para los niños españoles!

Esta idea la suelto al océano de Internet, como si fuera una botella de un náufrago que, posiblemente no llegará a ningún sitio. Igual hay suerte y alguien abre la botella y en algún sitio de nuestro país, tras conocer este reportaje, se empieza a construir la España de los pequeñitos.

Portugal dos Pequeñitos
00 351 239 801 170
www.fbb.pt/port_peq.htm

Continúa


 

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